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lunes, febrero 08, 2010

Juan Carlos Toribio

Me pide un primo motero que me haga eco de lo siguiente y como me parece de justicia, ahí lo llevan ustedes:

Grupo de Apoyo a Juan Carlos Toribio, guardia civil perseguido por sus superiores.

Juan Carlos Toribio es voluntario adscrito a diversas organizaciones como Cruz Roja, Sabina Blanca o la Asociación Mutua Motera, organizaciones todas ellas de tipo no gubernamental y con objetivos sociales no lucrativos.
Desde hace algunos años viene denunciando todas aquellas infraestructuras viarias que incumplen la normativa y que ponen en peligro la seguridad vial de los ciudadanos, así como en el ámbito de la educación y la formación tanto en colegios como a conductores, con el fin de mejorar tanto la actitud, como la aptitud, de los usuarios de las carreteras.

Sin embargo, a pesar de la importante contribución que esta labor supone para la mejora de la seguridad vial de nuestro país, y de que la colaboración que aporta Juan Carlos Toribio la realiza como voluntario, sin ánimo de lucro y en su tiempo libre, la Dirección General de la Guardia Civil le ha abierto varios expedientes disciplinarios por la actividad que desarrolla en beneficio de todos los ciudadanos.


Para más información, pueden ustedes darse una vuelta por Facebook o por los miles de enlaces que se encuentran buscando en Google.

lunes, diciembre 14, 2009

Cuando se junta el hambre con las ganas de comer

1) La moto iba a 135 Km/h en ciudad.
2) La del coche se saltó un cruce por hablar con el manos libres.
3) Resultado: tres muertos.
4) Moraleja: si eres tonto o un asesino en potencia, no conduzcas ni motos ni coches.



martes, octubre 06, 2009

Enfermedades raras: el síndrome de la rotonda

Estoy seguro que todos los que leen este blog son personas preparadas y saben cómo se circula en una rotonda. Para los olvidadizos recomiendo leerse este estupendo artículo de otro bloguero policía y para los vagos dedicar treinta segundos a la comprensión del siguiente gráfico clarificador tomado de la misma fuente:



Sin embargo, cosas que tiene la vida, la mayor parte de los conductores no saben circular correctamente en una rotonda, o si lo saben lo han olvidado. Este gran misterio ha provocado el interés de los más sesudos pensadores hasta que un equipo interdisciplinar del Hospital Psiquiátrico Universitario de Borussia-Dortmund junto con especialistas del cotolengo de Santa Eufemia han descubierto la verdadera causa: el síndrome de la rotonda. El que coge una rotonda por el medio y sin señalizar no es que sea un capullo, es que sufre una alteración visual, ya que donde debería ver esto



en realidad su cerebro forma una imagen diferente, a nivel de lo que viene siendo la pituitaria y el cortex límbico cefalorraquídeo, más o menos así:



Este descubrimiento, sin duda merecedor del Nobel y de otros altos reconocimientos, ha venido a arrojar luz sobre este misterio hasta ahora inexplicado, porque es de todo punto imposible que tantos probos padres de familia hagan el besugo sin una causa plausible al volante de sus vehículos. Pues he aquí la causa plausible y manifiesta.

Item más, humildemente he profundizado por mi cuenta y riesgo en esta tesis novedosa y he encontrado una dolencia local de la provincia de Sevilla, derivada de la anterior pero con características propias, que denominaré síndrome de la rotonda de Ikea de Castilleja. Y no crean que ha tenido nada que ver el hecho de que yo viva justo al lado. Es más, estoy seguro que a los clientes que vienen a Ikea los sábados y colapsan mis vías de salida les resultará poco menos que inconcebible que haya gente que no sólo no quiera ir a Ikea sino que pretenda alejarse del lugar. Por eso, tras luengas deliberaciones y una muestra estadística de dos o tres señoras alteradas que me han gritado, he llegado a la conclusión de que también estamos ante un fenómeno similar. Donde yo veo esto



sus pobres cerebros ahítos de mecanos con nombres nórdicos en realidad sólo ven esto:



Cuando la medicina se junta con el tráfico no sólo sale un parking de hospital, sino la iluminación. Ya no se trata de compadecer al pecador, sino de amar al enfermo. Y ante eso, ¿qué puedo yo decir que no sea una tontería?

lunes, octubre 27, 2008

Kansas City, ciudad sin ley pero con fútbol

Aunque suene al título de una película de vaqueros de serie B, el lugar al que me refiero está en Sevilla, concretamente el punto marcado con un globo rojo:



Haciendo un poco de historia, la rotonda interior donde se encuentra la marca se supone que es privada, es decir, pertenece a la comunidad de vecinos colindante. Lo que pasa es que es una privacidad un tanto "sui generis". O sea:

- La tuvieron que asfaltar los vecinos pagando de su bolsillo, pero el ayuntamiento no permite cerrarla al tráfico.
- Parques y jardines no la mantiene, con lo que la vegetación o lo que queda de ella, aparte de estar hecha unos zorros, se está cargando el firme.
- Se siguen haciendo botellonas los fines de semana, aunque es zona residencial y están prohibidas.
- Aparca hasta el Tato como le da la gana con aquiescencia de la policía municipal, que aparece poco, mal y tarde.
- Hay gorrillas.

Para acabar de dar la puntilla, los días en que el Sevilla F.C. tiene partido la cosa se pone aún más divertida si cabe. Y si no, juzguen ustedes mismos (foto tomada ayer):



Desde aquí quiero enviar mi saludo más efusivo a los conductores en segunda fila, especialmente al del Ibiza blanco del centro de la imagen que se las avió el solito para cortar el acceso a la rotonda. Eres un crack, macho.

En realidad, tampoco es que sea para tanto. Los vecinos ya han acordado no ponerse malos los domingos de 16:00 a 20:00, y se han comprado una bicicleta cada uno para poder desplazarse ellos mismos al hospital en caso de emergencia. También han acordado que ninguna casa va a arder en horario de partido y que nadie va a moverse de allí mientras el Sánchez Pizjuán esté lleno de aficionados ahítos de deporte de alta competición, aunque haya que ir a visitar a la familia. Que nada se interponga entre el deporte rey y sus súbditos.

Añadiré colateralmente que el año pasado mi mujer fue multada por hacer una parada en la zona de carga y descarga del aeropuerto, donde trabaja, yendo con mi hija mayor y embarazada de seis meses de la pequeña. Tardó un minuto y medio en entrar y salir de su oficina, previo aviso al municipal de turno que estaba allí, que de todas maneras le puso la denuncia. O sea, que usted no puede parar en un sitio donde pone que se puede parar, no sé si me explico. Mis sucesivos recursos han sido rechazados replicando que no aporto "argumentos jurídicos". O sea, a usted le acusan de matar a Manolete y aunque responda que entonces no había nacido y que no es un toro, le responderían que esos no son argumentos jurídicos. Y es que no había caído: debería haber alegado que tengo carnet del Sevilla F.C.

Corolario I: el municipal del aeropuerto de aquél día no era de los habituales porque éstos habían ido al entierro de Puerta. Esto sólo pudo interpretarlo como una señal divina.

Corolario II: no tengo nada contra el Sevilla F.C., es decir, no soy del Betis. Pero en la Cartuja estarían más guapos.

domingo, agosto 06, 2006

Carta al centro de control de tráfico de Sevilla

Lo que a continuación se reproduce ha sido enviado esta semana al CDT de Sevilla. Si recibo alguna respuesta la insertaré en los comentarios del presente post.

Hola,

Hace seis años les escribí preguntándoles cuál era el sistema de presunta sincronización de semáforos en Sevilla. Alguien me respondió invitándome a ir a visitarlos, cosa que no pude hacer en su día. Años más tarde, les repetí la pregunta y me respondieron que el viario tenía establecido una serie de prioridades según las calles, ya que era imposible sincronizarlas todas (eso es lógico hasta para un niño de básica de los de antes), a lo cual les respondí preguntando cómo era una jerarquía donde había que parar sistemáticamente en vías como Kansas City, SE-30 o Bueno Monreal. A eso no tuve respuesta.

Yo es que sinceramente he llegado a la conclusión de que no hay nada sincronizado, o que lo sincronizan mal a posta para obligar a la gente a ir lento. A ver: explíquenme cómo es posible que a las 06:45 de la mañana en agosto yo tenga que parar ocho veces en semáforos por la SE-30 en el tramo que va del Alamillo a la Gota de Leche. Y encima, cuatro de las veces en el mismo semáforo (que dura diez segundos y provoca atascos incluso a esa hora). Y tengo que parar presuntamente para que se incorporen los que salen, por ejemplo, del polígono Calonge (nadie, a esas horas). Según su interesante historia de las jerarquías viarias, ¿tienen más prioridad TODAS las calles que cruzan la SE-30 que la SE-30 misma? ¿O será más bien que tienen una avería?

Otra cosita: sincronizar los semáforos consiste en que los mismos se van poniendo verdes en el sentido de la marcha, no al revés. Lo digo porque, jerarquías aparte, en infinidad de ocasiones uno sale de un semáforo y ya ve el siguiente (por poner un caso, peatonal) cambiando a ámbar.

Después de tantos años ya no sé que pensar. Soy informático, hice el proyecto fin de carrera sobre temas de control de tráfico y me parece increíble que en una ciudad como Sevilla cada semáforo vaya a su bola, por muy grande e importante que sea la calle. O eso es lo que parece. Máxime cuando Madrid o Barcelona tienen ese sistema funcionando desde los años 60.

Saludos.

sábado, agosto 05, 2006

Hijoputas al volante

Las definiciones y los niños primero: un hijoputa al volante es un hijoputa que conduce. U séase, la esencia del interfecto es la de ser un hijoputa, y el atributo el ser conductor. Sí, es posible que su yo verdadero sólo se manifieste cuando nota el pie en el acelerador y que en su vida normal sea un probo padre de familia y colabore en una ONG, pero Drácula también se tira todo el día durmiendo y por la noche es un cafre, o sea, que el argumento no me sirve.

El cabronazo que se pone a 195 por la carretera, que se pega a la matrícula del que va a 120 de manera que no se le ven ni los faros y que cruza a volantazos sin intermitente la doble línea continua merece el mismo calificativo que el que juega a la ruleta rusa con granadas de mano o el que suelta su pitbull sin bozal por el parque alegando que no hace nada. Es un asesino en potencia y alguien que debe ser encerrado en Guantánamo o en un psiquiátrico, y su coche - tuneado o no - enviado al desguace a modo de ejemplo para el mundo. O bien, en su defecto, acabar sus días empotrado contra un olivo de una carretera secundaria volviendo borracho de la verbena del pueblo de al lado después de no haberse comido un colín, si es que existe la justicia cósmica.

Entre 1981 y 2005 la friolera de 60.000 personas han fallecido en las carreteras españolas, y no me he molestado en contar los heridos y las tetraplejias. O sea, 70 veces más que los asesinados por ETA en toda su historia o el equivalente a 20 atentados del 11-M al año, con la pequeña diferencia de que los terroristas son de aquí. Sí, probablemente hay un porcentaje que atribuir al estado de las carreteras, a problemas mecánicos o a despistes, pero cualquiera que coja un coche sabe cuál es peligro real de salir a carretera: el hijoputa.

Sé que escribir esto no va a reducir las cifras de mortalidad, y que a los hijoputas, porque son lo que son, se la soplan los puntos, las comas y los carteles de la DGT de "si bebes, te drogas o eres un hijoputa, no conduzcas". Pero por si casualidad algún lector se siente identificado con el retrato, que sepa que es un hijo de la grandísima puta.

Dicho sea con todos los respetos por las hetairas de todo pelaje, que no tienen culpa de las dobleces de la lengua castellana.

sábado, noviembre 20, 2004

Un éxito contra el crimen organizado

Ayer por la noche. Vuelta de un concierto. Conduzco alegre y confiado en mi coche nuevo. De "repenete", un vehículo de la policía nacional enciende las luces detrás mío y me obliga a echarme a la derecha. Se baja un agente con cara de "ya me voy a la cama feliz hoy".

- ¿Qué, no ha visto el semáforo?
- ¿Cuál semáforo?
- El que se ha saltado.

Por mucha adrenalina que tuviese acumulada ante la gravedad de su misión, la cara de panoli que puse creo que debió convencerle - eso espero - de que no había visto semáforo ninguno. Acto seguido aparca otro coche de la Policía Municipal. El policía nacional les explica:

- Nada, uno que ha visto un semáforo verde oscuro.

Me despido de mi mujer y mis parientes más cercanos ante el horizonte carcelario que me aguarda, mientras busco una copia del Código Civil que siempre llevo encima. Viene el municipal.

- Los papeles del coche, la cartilla de racionamiento y el recibo de la luz.

Se lo doy todo mientras recito interiormente el acto de contrición y busco en mi agenda el teléfono de mi confesor. Vuelve el municipal.

- Ha sido usted denunciado por estos compañeros. ¿Quiere usted firmar la denuncia? No le perjudica.
- No sé si quiero.
- Bueno, pues ahí la lleva.
- Pero ¿cuándo podré volver a ver a mi familia? ¿Me ponen ya las esposas? ¿O es sólo una multa?
- Es una multa de 60 euros y si la paga en diez días, 20% de descuento.
- ¿Y para esto han formado todo el lío, que parece corrupción en Miami?
- Yo cumplo mi deber y los compañeros nos llamaron para denunciarle.
- Ya, pero es que no he visto un despliegue igual desde que cogieron al Vaquilla.

Me despido, subo la ventanilla y aspiro aliviado el aire de la libertad vigilada. Las calles son un poco mas seguras hoy. Hasta los niñatos que me adelantan sin casco en sus motillos me parecen hoy más amables, menos inhóspitos.

Durmamos tranquilos. El crimen ha perdido una batalla.