Mostrando entradas con la etiqueta Música. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Música. Mostrar todas las entradas

viernes, marzo 08, 2013

Traduciendo canciones: "Dulce condena" (Los Rodríguez)

Por motivos que no vienen al caso, hace años que toco esta canción con mi grupo. Como yo sólo hago coros en ella, nunca le eché demasiada cuenta a la letra aunque me sonaba deslavazada. Pensé que si me paraba tendría más sentido que las frases sueltas que yo escuchaba, así que el otro día me dio por hacerlo y me gustaría compartir el resultado con ustedes. Empecemos.
Cada vez que toco un poco fondo 
... ajá ...
Cada vez que el tiempo vuela 
.. ocurre ¿qué? ...
Un recuerdo más que pasajero
Otra ilusión que llega.
¿Comorl? ¿Me da primero el complemento circunstancial y luego no hay sujeto ni predicado? ¿Toca un poco fondo, el tiempo vuela y entonces qué? ¿Está deprimido o ilusionado o sintiendo la fugacidad del tiempo? ¿Qué me estás contando, Calamardo? Bueno, a ver si el resto de la estrofa me lo aclara.
Cada corazón merece una oportunidad
Y está perdida sola en medio de la ciudad.
Nuevo cambio de tema. Ahora habla de amor, parece. Entiendo que la que está perdida es la oportunidad aunque es una forma un poco rara de construir frases. Sigamos, espero que lleguemos a algún sitio coherente.
Soy el que lo piensa por los dos
Hasta que sale el sol.
¿"Soy el que lo piensa por los dos"? ¿El que piensa qué, concretamente? ¿Y quiénes son "los dos"?  ¿La oportunidad y el corazón? ¿La ciudad y la oportunidad? ¿Calamardo y alguien más a quien recuerda pasajeramente? ¿Calamardo y el porro que se está fumando y que claramente le está sentando fatal? ¿Me lo aclarará la segunda estrofa?
Cada sensación o sentir vulgar
¿"Sentir vulgar"? ¿Lo cuálo?
Una sola cosa, un solo lugar
Ya llevo tres sujetos y ningún predicado. Y sin ninguna relación aparente.
Un recuerdo más que pasajero
Cuatro sujetos. Se confirma que no hay relación.
Será como empezar otra vez de cero.
Ya es oficial: no lo sigo. ¿Cada sensación, una sola cosa, un solo lugar, un recuerdo ... será como empezar de nuevo? ¿O sólo el recuerdo "más que pasajero"? ¿No falta en esta frase un ornitorrinco o una tía de Cuenca?
Cada corazón merece una oportunidad
Y está perdida sola en medio de la ciudad.
Soy el que lo piensa por los dos
Hasta que sale el sol.
Sí, esto ya lo has dicho antes. Recapitulemos hasta ahora: lo que llevo entendido es ... que voy a esperar al estribillo.
No importa el problema, no importa la solución.
Que tiene un problema lo estoy viendo claro, que no importe la solución tampoco me extraña vista la lógica difusa que gasta.
Me quedo con lo poco que queda, entero en el corazón. 
Aquí, como no me fío de internet, me pregunto si esa coma tendría que estar ahí. ¿Se queda con lo poco que queda entero o se queda "con lo poco que queda, entero"? Es que no es lo mismo. Pero da igual, porque sigo sin comprender ni papa.
Me gustan los problemas, no existe otra explicación. 
Esta sí es una dulce condena, una dulce rendición.
Pues al final no ha salido el ornitorrinco. ¿De qué problemas habla? ¿Entiendo que la dulce condena es que le gustan los problemas? Es casi lo único que pillo, aunque me parezca bastante discutible.

El resto de la canción se repite. Por tanto, no hay más datos para la ecuación. Creo que, después de mucho reflexionar, he entendido el sentido último de esta bonita letra y sólo encuentro una posibilidad: Calamardo tiene un "negro" que le escribe las canciones, conjuntamente o en solitario, y que además lo hace bastante mal, vistos los resultados; probablemente lo tenga contratado para tener más tiempo para posar como Dylan en las fotos. En realidad, sólo hay unas cuantas frases deslizadas astutamente que tengan sentido, el resto es paja o resultado de las drogas. Básicamente, el "negro" le explica a Calamardo que se siente confuso y triste, que le gustaría cambiar de vida y dejar de hacer el trabajo de los dos (el suyo y el de Calamardo), pero que a fin de cuentas sarna con gusto no pica. O sea, que encima de "negro", es masoquista declarado:
Cada vez que toco un poco fondo [...]
Soy el que lo piensa por los dos [...]
Me gustan los problemas, no existe otra explicación.
Esta sí es una dulce condena, una dulce rendición.
Y si no es esto, como dijo el Chavo del Ocho: "me doy".

Grande, Calamardo ...

jueves, octubre 07, 2010

Menos era más (internet killed the radio star)

Mi primer contacto intencionado con la música fueron "Los 40 principales". Aunque resulte difícil de creer, allá por los primeros ochenta lo mismo sonaba Mike Oldfield que AC/DC, Deep Purple, Madonna o Bowie. Otros tiempos. Mejores. Dado que estaba corto de pelas como tierno infante que era, me compraba cintas vírgenes y grababa las canciones que me gustaban. Esto implicaba escucha activa para cazar el tema y habilidad para tratar de cortar en lo posible la voz de la locutora al principio y al final. Salían unas cintas un tanto extrañas, con Yazoo al principio, Quiet Riot en el medio y Luis Cobos por la otra cara, pero a mí me gustaban.

Luego vinieron los vinilos y los casettes originales. Una vez más, el limitado presupuesto obligaba a escoger con cuidado. Mi primer disco de música pop fue "Dónde está el país de las hadas" de Mecano, que sigue pareciéndome bueno a pesar del tiempo transcurrido. Fue el primero de muchos al correr de los años. Tenía el atractivo de lo selecto: esperar que saliera el disco ansiado, ir a comprarlo después de ahorrar y escucharlo hasta gastarlo. Para mi gran suerte, me gustaba cada vez más la música de los 60-70, así que empecé a descubrir la de joyas baratas que podían conseguirse en las gasolineras y en bares de pueblo, escondidas entre discos de Los Chichos y Valderrama.

Años después vinieron los CD's. La panacea melómana: no se rayaban y no tenían ruido de fondo. Para entonces ya disponía de más billetes en el bolsillo y las compras eran más regulares y más abundantes. Ibas a Sevilla Rock y volvías con dos o tres bolsas y una gran sonrisa. Sí, de vez en cuando te llevabas algún chasco y el CD de Ted Nugent que te habías comprado al bulto resultaba ser un asco. Pero era parte del juego.

Entonces irrumpió la informática y lo que parecía una mejora resultó a la larga no serlo. Primero estaba aquello de ripear tu música y tenerla en el ordenador. Mucho mejor que tener que ir a la estantería y escoger. Sin embargo, por alguna extraña razón, las bibliotecas en el ordenador funcionan de otra manera. La vista salta por encima de los títulos, tiendes a picotear de aquí y allá, no te paras a escuchar un disco concreto. Debe de tener alguna explicación psicológica.

Luego llegó internet. Y resultaba que se podía conseguir música sin pagar. Hum. Para entonces, ya tenía casi todos los discos de los grupos clásicos que me interesaban, pero encontré más. Y éste de la música en la red es un fenómeno en sí mismo. Empiezas a escuchar música con una cierta compulsión. Encuentras cosas nuevas, sí. No ya la que te ofrece la radio o la que conoces tú o tus colegas, sino la que cita cualquier noticia en un periódico, o recomienda alguien en un blog o en un foro. Unas cosas llevan a otras. Algunas las bajas y las borras. Otras te gustan y las conservas, aunque llegas a olvidar que las tienes. Si encima resulta que tienes una mentalidad informática como la mía (o bibliotecaria), te encuentras que cada disco que te compras o te descargas implica una larga serie de decisiones: conservarlo o no en el ordenador, y en caso afirmativo, ripearlo (si procede), normalizar el volumen, etiquetarlo, meterlo en un directorio e importarlo en los programas reproductores que utilices. Por supuesto, si tienes iPOD o similar, también hay que sincronizarlo. Al final, cada vez más burocracia y cada vez menos escucha relajada.

Para terminar, aparece en mi vida recientemente Spotify. Para poder escucharlo en mi móvil me suscribo a la versión Premium. Y claro, deja de tener sentido clasificar, tengo a mi disposición la discoteca universal. Esa parte es la buena. Sin embargo, dado que la música la tienes en internet, cada vez que quieres escuchar algo tienes que buscarlo. Sí, puedes hacerte tus listas, pero ¡oh, sorpresa!, o las mantienes limitadas y acabas escuchando lo mismo una y otra vez o las dejas que aumenten, y te encuentras otra vez con el problema de la biblioteca picoteada. Por el contrario, si te abandonas a la búsqueda sin más, te ves pensando qué quieres escuchar cada vez que enciendes el chisme. Saltas de un artista a otro. Rara vez escuchas los discos completos porque quieres probar otros. Y el ciclo se realimenta.

En resumidas cuentas: el efecto de tanta tecnología, paradójicamente, es pernicioso. Al menos, en mi caso. Lo llamaría el síndrome del niño con muchos juguetes o el del que come todos los días en restaurantes caros con cartas larguísimas y echa de menos el cocido de su madre. Es cierto que parte del problema es que los oídos ya no son vírgenes, ya nunca más podrás escuchar "Made in Japan" o la novena de Beethoven como la primera vez. Pero lo cierto es que no he encontrado nada que sustituya la sensación de sacar un disco de vinilo de su funda y ponerlo en el equipo del salón. Aunque tenga polvo (el disco).

Después de todo, menos era más. O me estoy haciendo viejo.

viernes, octubre 01, 2010

Crónica musical del concierto de U2 en Sevilla

¿Se puede hablar de un gran concierto cuando no se ha escuchado bien? Interesante pregunta que dependerá de lo que busca uno cuando va a un evento de este tipo. Yo, por estar chapado a la antigua y por cierta deformación profesional, valoro antes que cualquier otra cosa lo que entra por mis orejas y me es bastante indiferente -cuando no molesto - el ambiente, la espectacularidad del escenario o si el cantante me hace dar palmas o imita a Chiquito de la Calzada. Para mí un concierto, para que me compense el dineral que cuestan estos megagrupos, tiene que ser tan bueno como el disco y algo más.

Ayer U2 dio un soberano concierto. Tocaron bien - porque no saben tocar de otra forma - y cantaron mejor. Bono, particularmente, está espectacular de voz. Lo vi en San Sebastián en la gira 2005, donde estuvo muy bien, pero ahora está aún mejor. La voz limpia, agudos perfectos y una sensación absoluta de ir sobrado. Gran noticia para la parte que habitualmente sufre más el paso de los años en cualquier banda.

El repertorio, por otra parte, combinó bastante acertadamente éxitos pasados, recientes y presentes. Contrariamente a los culturetas habituales que escriben en prensa nacional, yo no considero que U2 sea una especie de vieja gloria vendida a la comercialidad que vive de los discos que hizo en los 80. Pienso que ha sabido evolucionar, renovarse y seguir escribiendo canciones que se han hecho clásicas, cosa que no pueden decir otros artistas del mismo pedigrí. Ayer hubo una buena muestra de ello: "Vertigo", "Miss Sarajevo", "One", "The city of blinding lights", "With or without you", "Elevation", etc. También algunos temas aún inéditos que me agradaron pero que lamento no poder citar. Eché a faltar, eso sí, "Pride (in the name of love)" y "Bad", pero contrariamente a otros conciertos de U2 no me quedé con la sensación de que el motivo de su omisión era que resultaban demasiado exigentes para la voz de Bono hoy día. Creo que podría haberlos cantado perfectamente, de hecho me consta que al menos la primera está en el set de la gira actual.

Hasta aquí la parte buena. La mala es una acústica criminal y una mezcla manifiestamente mejorable. Sí, estoy seguro que mucha gente que estuvo allí dirá que lo oyeron muy bien porque escuchaban a Bono y se conocían las canciones, pero fuera de eso tenemos: un bajo comido por completo por la pegada del bombo, una guitarra perdida y al mismo tiempo demasiado estridente (extraña combinación) y una batería descompensada en relación al bombo. Ocurrió algo básico para este tipo de música: la tonalidad de la canción y la sucesión de acordes/riffs eran difíciles de identificar. Claro que eso no importa tanto cuando tienes a Bono en primer plano y un set de canciones rompedor y conocido, pero lo que es, es.

Respecto a la acústica del recinto, puedo afirmar después de ver dos conciertos en el Estadio Olímpico de Sevilla que salvo que resuciten los Beatles o Robert Plant recupere la voz de 1970, haré todo lo posible por no repetir. El Olímpico es básicamente una gigantesca caja de reverberación, catedralicio, inmisericorde, que ensucia todo el sonido, realza los graves y se come los medios. Ni siquiera la absorción acústica que suponen 80.000 cuerpos humanos fue suficiente. Probablemente en el campo se escuchara algo mejor, pero en la grada no.

Dicho todo esto, estoy seguro de que un porcentaje elevado de asistentes no lo percibió, y si lo percibió no le importó. Yo es que tengo en mucha estima mis orejas, mi edad ya provecta y los 100 lirus que me costó.

De la salida del estadio prefiero no hablar: vallas, obras, tapones, cuellos de botella y la sensación de que si llega a producirse algún tipo de accidente, lo de la "Love Parade" se hubiera quedado en nada. Y mira que el sitio es espacioso.

Eso es todos, amigos. Mis felicitaciones a U2, mi reprimenda al técnico de sonido y mi petición de que no se hagan más conciertos en el Estadio Olímpico, aunque por otra parte a base de eventos deportivos es imposible mantenerlo.

domingo, mayo 23, 2010

Por fin alguien usa el sentido común

Cuando la propia inspiración no anda muy allá, hay que encontrarla en los demás. Creo que es el primer artículo que leo que por fin da un vaticinio coherente de hacia dónde camina la industria musical. Y lo hace sin caer en lugares comunes ni nombrar a la SGAE ni cogérsela con papel de fumar sobre lo que es delito o deja de serlo, principalmente porque viene a dejar muy claro que no se pueden aislar industria y artistas tan fácilmente.

Ahí lo llevan ustedes:

http://jose.gs/el-futuro-de-la-industria-musical-toda-la-musica-gratis-y-contratos-de-360-grados-para-los-artistas/

jueves, marzo 13, 2008

El yermo patrio

¿Por qué cantan tan mal los vocalistas españoles? Es algo que me preocupa, me hace perder el sueño, altera mis biorritmos y perjudica mi calidad de vida. Si somos un pueblo teóricamente aficionado a y dotado para el cante, el baile y el festejo vario, ¿por qué no sabemos cantar? ¿O será quizás que por algún extraño misterio de la naturaleza sólo aquellos que cantan mal se atreven a sacar discos?

(Un inciso antes de seguir: como no quiero herir sensibilidades de los fans y además temo las represalias me van a permitir que a partir de ahora me refiera a los artistas con nombres falsos cuya coincidencia con la realidad sea puro parecido, o como se diga.)

Hay muchas formas de cantar mal. La peor de todas es desafinar, que consiste en dar la nota no dando la nota, valga la contradicción en los términos. Cualquier persona con un oído normal debe ser capaz de detectar cuándo alguien desafina. Un caso extremo es lo que hace Tamara (la Seisdedos), pero mi idea era hablar de cantantes. Como por ejemplo, Carlos Moñi, diz que vocalista del grupo unipersonal Revolver (sin tilde en la o). Puede que dé el pego mientras no trata de adornarse, pero es que la tentación es fuerte y cuando parece que va a acabar bien la canción mete unas florituras fallidas que da gloria oírlas. Aunque claro, aquí se junta lo pretencioso con lo desafinado y no se sabe qué es peor. A este chiquillo le habría gustado nacer en Duluth y patearse la autopista 61 con Woody Guthrie, pero no ha podido ser y se mire por donde se mire la M-30 no da para tanto. Las cosas hay que aceptarlas tal como vienen.

Otro grupo importante de cantantes fallidos son los amanerados, esto es, y aclaro antes de que la censura políticamente correcta elimine mi página, los que teniendo una voz que podría no ser desagradable se empeñan en ocultarla tras una serie de artificios que en el fondo no son más que soluciones técnicas equivocadas. Una de las más frecuentes es pronunciar raro. Qué se yo, algo así como decir "tú no eres mi amigou ... no quiero estar contigou ..." en vez de "amigo" y "contigo". Este estilo ya lo utilizaba con aprovechamiento Gabinete Cagalera, pero su mayor luminaria actual es el Canto del moco, grupo de gran éxito entre los usuarios de Sonotone. Aunque la jefa, la absoluta diosa del amaneramiento vocal es Maya, ex-front-woman de nuestro ex-grupo de más éxito, La Abeja de Van Gogh. Si la de " El canto ..." es una técnica basada en deformar las vocales, la de "La abeja ..." se concentra particularmente en las consonantes: "dim-me dónde has ido, dónde esperas en sil-lencio am-migo, q-quiero estar cont-tigo etc". Todo ello combinado con un estética musical que quedaría cursi en un anuncio de compresas con payaso y todo, y ya es decir. Ahí están, vendiendo discos como churros y empeorando el estado de los diabéticos.

También podemos hablar de una serie de artistas que deprimirían a las vacas, animales de por sí ya proclives a la melancolía y al abatimiento existencial. Basta con tener una voz medio gutural y una pose desvalida para sacar platinos a costa de las quinceañeras. Sin hacer memoria, se me aparece Alex Lumbago, a la sazón euskaldún como la Abeja. Puestos a elegir entre los muchos productos exportados por esta tierra ubérrima, creo que preferiría ir a un mitin de Batasuna que a un concierto de este muchacho. Sólo de pensar en un dúo entre el alegre juglar y la Maya, me entran sudores fríos e incontenibles. ¿Se imaginan? Yo no sólo me lo imagino, es que lo he escuchado y no he conseguido recuperarme anímicamente. Sólo faltaba que se fueran de gira con el expresivo comediante metido a trovador Fran Pedrea, así llamado por la lotería que le ha tocado con algunas de sus novias. Es una clara demostración de que poniendo cara de "eeeh, ¿me lo puede repetir, señorita?" se puede ser un actor de éxito y ligarte a la más guapa de la clase.

Otra categoría notable son los cansinos. Hay dos tipos de cansinos: los que te hartan y los que te duermen, sin que necesariamente canten mal. El más hartible que se me viene a la cabeza ahora es Alejandro Sainz. Que sí, que vale, que hace buenas canciones, que son difíciles de cantar, que todo lo que ustedes quieran, pero después de quince minutos de desgarro vocal a la italiana a mí es se me empiezan a rayar los oídos irremisiblemente. Lo siento mucho, es superior a mis fuerzas. Otro caso análogo es el de la cantante insular Rosa Ana. Si hay alguien que le aguante un disco entero que me escriba y ya le recomendaré un buen psicólogo que le explique que lo del amante en traje de cuero con látigo, por sistema, no es buena opción. Y como no hay tercero malo, añadiré para remachar la idea a Mónica Limonero, un paradigma de cómo desperdiciar una buena voz pegando chillidos.

Entre los cansinos que te duermen no puedo dejar de nombrar a Sole, ex de Presuntos Sospechosos. Canta bien pero como anestésico no tiene precio. Tiene su mérito coger una canción bonita y hacerla tóxicamente tediosa a base de gorgoritos, de acordes disminuídos y aumentados de séptima mayor. Ya sé que estoy predicando en el desierto y que todo el mundo piensa que son muy buenos, pero a mí no me va la música ascensor aunque sea en español. Yo empiezo a escuchar lo de "uuuuuh, cómo hemos cambiadooo" y me entra astenia. Invito a los dos o tres lectores que hayan llegado hasta aquí a comparar la versión original de "La chica de ayer" con la que ha hecho nuestra amiga y me digan si llevo o no llevo razón.

¿Qué decir del grupo de vocalistas cazalleros? Son la más clara demostración de que en la música española no sólo no es impedimento tener la voz de Sara Montiel recién levantada, sino que está bien visto y además a la gente le mola. Porque en España la peña no va a los conciertos a escuchar, va a cantar ella, lo cual me resulta llamativo: pagar para cantar uno mismo y hacerlo con gusto. Para eso se pone uno el disco y le sale gratis. Entre nuestros cazalleros de pro se cuentan Joaquín Sabrina (grandes letras y grandes fobias), Stop A, Extremaduros o La cabra metálica. Entre las féminas, Arraska aún no entra en la categoría, pero le quedan dos telediarios para conseguirlo.

Más terroristas musicales: los engolados (Rafael, Héroes del incendio), los inaudibles desde la tercera fila (Ana Thor Roja, Javier Álvaro, Antonio Brega), los monotónicos (Jarabe del Malo), los minimalistas con ínfulas de intelectual (Manu Ciao), los mitineros (Manu Ciao), los importados (Manu Ciao), los que deberían cantar en francés en vez de hacerlo en español y así no empeorar nuestras estadísticas (Manu Ciao), etc.

En fin, la lista de atentados contra el bello arte de cantar es tan larga que ¿para qué seguir? No querría resultar catastrofista. Al fin y al cabo, hay dos o tres cantantes que no he nombrado, y quien calla otorga,. Podría ser peor: no he contado a los grupos de música alternativa.

Nota del editor: para la realización de este artículo no se ha dañado ningún animal y todos los nombres son ficticios.

viernes, septiembre 21, 2007

Jesucristo Superstar versión Arafat

Soy devoto - en el sentido laico de la palabra - de JC Superstar. La he visto taitantas veces y escuchado en multitud de versiones. Me parece la obra magna de sus autores (A. L. Webber como compositor y Tim Rice como letrista) y, por tanto, algo digno del mayor de los respetos. De ahí mi sorpresa cuando en una crítica sobre la versión recién estrenada en Madrid me encuentro con la siguiente perla:
Más aciertos de esta nueva producción: una hábil e intencionada ambientación
actual en la que judíos (el Sanedrín) y palestinos (los apóstoles) viven bajo el
dominio del «amigo» americano (los romanos), personificado en un Poncio Pilatos
de reconocible uniforme estadounidense, con un muro de la vergüenza como fondo
que nos sitúa en la Jerusalén actual.
Lo cual demuestra dos cosas: que el articulista no debe de conocer la obra original y que el responsable del montaje, aparte de no haber entendido un pijo del sentido de la historia ni del contexto real de la Palestina del siglo I, es un memo. Huelga decir que me parece evidente la poca fortuna de los presuntos paralelismos; si no es su caso, le recomiendo que empiece por ver la película y lea un poquito sobre la historia de Israel.

Supongo que esto va en la misma línea de los montajes actuales de ópera donde Carmen de Bizet, pongamos por caso, es una prostituta de Amsterdam que participa en un "reality show" y Don José es el productor del programa - homosexual encubierto - que se enamora locamente de ella pero mantiene una relación secreta con el torero; condición indispensable es que las cigarreras canten con los pechos al aire y vayan vestidas con trajes sado-maso.

Pues nada, una entrada cara y un viaje que me ahorro.

P.D: en un caso análogo, me encuentro con que la nueva temporada de "Cuéntame" se inaugura con la introducción del penúltimo Alcántara que quedaba - Carlitos - en el apasionante mundo del antifranquismo y la lucha obrera escolar (falta la niña pequeña, que estará a punto de liarla en la guardería, supongo). Lo que uno se plantea es que, si ese es el presunto reflejo de la familia media española de la época, cómo es que Franco murió en la cama. Desde la izquierda siempre se ha criticado que esta serie está edulcorada. Ahora ya no lo está: es simplemente mentira.

martes, marzo 13, 2007

Rod Stewart

He tenido la desgracia de escuchar a Rod Stewart en directo en dos ocasiones últimamente, la más reciente de las cuales ha sido en un concierto en Canal + en una habitación de hotel (el de la habitación era yo, no el concierto). Y digo la desgracia porque la decadencia siempre es triste.

La primera vez que lo escuché en mi vida fue en el intermedio de un festival que no recuerdo, el año del catapúm, presentando "Do ya tkink I'm sexy?". Me llamaron la atención los pelos, básicamente, no entendía mucho de música por aquél entonces. Muchos años más tarde escuché "Stay with me" y empecé a buscar cosas de los Faces. Me encontré también con "Maggie Mae", un disco maravilloso llamado "Every picture tells a story" y algunas otras joyas. Resumiendo: Rod Stewart es probablemente una de esas grandes voces de siempre del rock, al menos durante los 70 (cómo no). Después se pasó al disco y a las baladitas y empezó a estropearse. Lamentablemente, un cáncer de garganta se cruzó por su camino y me temo que le dió la puntilla.

La voz de Rod Stewart siempre ha sido desgarrada, pero potente y estratosférica. Actualmente sigue siendo aguda, en el sentido de que no tiene graves, pero apenas sube, con lo que el rango se le ha quedado muy estrecho. Tampoco tiene fuerza, y todas las canciones suenan flojas y desganadas. Y su voz en tonos bajos y sin desgarrar suena más a vieja (el sustantivo) que a otra cosa. Una lástima. Eso sí, vende discos como churros haciendo versiones del rock más fofo, sin llegar a los extremos patéticos de Julio Iglesias cantando "I wanna know what love is" una octava por abajo. Quien tuvo no siempre retuvo.

La verdad que su caso no es infrecuente en el rock aunque quizás sea de los más llamativos. Lo mismo le ocurre al flamenco. Son dos estilos demasiado exigentes con las cuerdas vocales, que en muchos casos se encaminan a las negruras a medida que pasan los años. Es un poco injusto que la biología juegue estas malas pasadas a los cantantes. No obstante, hay muchos que no sólo se mantienen en forma sino que a veces incluso mejoran: Freddy Mercury, Paul Rodgers ...

En fin. Puede ser que los viejos rockeros nunca mueran, pero envejecer, tristemente, envejecen. Como todo el mundo. Y ya que ha salido el tema, un saludo a Brad Delp (cantante de Boston, q.e.p.d.), allá donde esté.

Long live rock'n roll!

jueves, noviembre 17, 2005

Chaos and Creation at the Backyard

A todos los fans de los Beatles vengo a a anunciaros una Buena Nueva (ya me está saliendo la vena clerical ;-): no os perdáis el último disco de McCartney.

Este disco tiene efecto levadura, a saber: crece, crece y crece con cada escucha. La primera vez lo oí de pasada en el coche, con quien me lo regaló. Mi conclusión fue: dos temas bastante buenos y el resto agradable. En la segunda, pensé: dos obras maestras, tres canciones magníficas y el resto agradable. Después de haberlo escuchado muchas veces, mi conclusión es: varias obras maestras, varios temas magníficos y un par de temas agradables. Más otra propiedad: se puede escuchar una y otra vez sin que canse el oído.

En el apartado técnico, comentaros que el productor es el mismo de Beck, Radiohead o Travis: Nigel Godrich. Se lo recomendó George Martin al propio McCartney, que se dio cuenta de que todos los discos producidos por él le gustaban y no lo dudó. Por otra parte, el criterio de selección dicho por él mismo fue: "Sencillamente, Nigel y yo fuimos escogiendo aquellos temas que nos apetecía volver a escuchar una y otra vez". Y a fe que lo consiguieron.Como curiosidad, Paul toca todos los instrumentos a excepción de alguno raro y de los arreglos orquestales. Las letras confluyen casi todas en un mismo punto: "a estas alturas de mi vida no esperaba encontrarme alguien como tú" (su actual mujer, Heather Mills).Honestamente, pienso que es el mejor disco de McCartney de los últimos veinte años, como poco, y probablemente el mejor desde que se acabaron los Beatles. Sé que es mucho decir pero es lo que pienso.

Si a alguien se le ha abierto el apetito y quiere probar un poco del pastel antes de comprarlo - aquí nadie piratea, ¿verdad :-D? - escuchad "Jenny Wren" (el nuevo "Blackbird" casi cuarenta años después) o "English tea". Si sois fans de los cuatro magníficos, saldréis escopetados a vuestra tienda de discos. El talento, cuando es de verdad, produce sorpresas como ésta. Parafraseando las propias letras de Paul, diría que a estas alturas de su vida no le esperaba un disco como éste.

Hay algo que McCartney conserva, y que en el fondo es la marca de agua de toda su producción, de la de los Beatles y de otros grandes mitos como Byrds, Eagles, Queen ... El sentido de la melodía. El huir de las cuatro progresiones de acordes típicas sostenidas sobre unas cuantas notas consabidas. La capacidad de sorprender, de emocionar, de que la música diga algo. De eso en España andamos cortitos. "Long live sir Paul", pues.

Qué hermosa es la música cuando es hermosa.