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jueves, septiembre 01, 2011

Laicismo y JMJ for dummies

Es curioso cómo algunas cosas afloran por oposición. En circunstancias normales, el JMJ y la visita del Papa habrían pasado por mi vida con una cierta distancia, la que dan los años, las lecturas y el escepticismo. Si yo tuviera que definirme a día de hoy diría que soy católico en tanto que bautizado, cristiano por convencimiento ético ante lo que Jesucristo propone y aproximadamente agnóstico a la manera unamuniana: un querer creer que quizás no es creencia completa. Hay cuestiones irresolubles que sólo pueden responderse de tres maneras: o bien Dios no existe, o bien no puede o no quiere meterse en la vida de los demás, o puede que lo haga de una forma en que me es imposible entenderlo. Y no hablo del mal que causan los seres humanos en mal uso de su libertad. Ninguna de las tres respuestas consuela. Sin embargo, uno se resiste - ¿por costumbre o por convencimiento? - a pensar que todo lo que nos rodea no sea más que el resultado de colisiones atómicas y la vida del hombre una novela que acaba necesariamente mal. Tertuliano lo dijo de una forma mucho más elegante: “credo quid absurdum est”.

La fe tiene dos vertientes: una comunitaria y otra íntima. Al fin y a la postre es la segunda la determinante. La JMJ se inscribe, principalmente, en la primera de ellas. Dice el Eclesiastés que hay un tiempo para todo. Hablando desde mi experiencia, este tipo de eventos más o menos multitudinarios se inscriben dentro de lo que yo llamaría la adolescencia del creyente. Se viaja, se conoce gente, se celebra y se canta “Kumbayá”. Hay momentos espiritualmente profundos y otros más o menos parecidos a los que puedas tener en un campamento de verano o en un festival de rock, un algo de euforia colectiva. Es una etapa más del crecimiento pero no la meta, si es que existe. Visto el envoltorio desde fuera o desde la distancia de los años, quizás resulte ñoño o infantil, pero no hace daño a nadie. En cierta manera es el cumplimiento de la recomendación de Jesús: “sed como niños”.

Por todo lo dicho, las imágenes que he visto en televisión o las noticias que he leído respecto a las manifestaciones mal llamadas laicas de mal llamados “indignados” contra la mal llamada “visita del Papa” me soliviantan doblemente. Literalmente: gente con poca pinta de pagar impuestos de ningún tipo exigiendo mochilas que no han sufragado, arrojando condones a adolescentes arrodilladas, llamando lesbianas a las monjas, gritando que la Virgen follaba, señalando a los peregrinos con el dedo al grito de que sus curas se tiran a los niños - “arderéis como en el 36” -, parejas de gays besándose enrabietados como pretendiendo insultar en nombre del “verdadero amor”. De un lado, caras que si algo no reflejaban era amor, ni tolerancia, ni defensa de nada valioso salvo de su propia estulticia ignorante y agresiva; del otro, adolescentes atónitos y algún adulto indignado de verdad.

Empezando por el principio, los famosos cincuenta millones de dinero público que presuntamente costaba la “visita del Papa” nunca existieron. La mitad se pagó con las cuotas de los asistentes, la otra mitad entre patrocinios y donaciones. Como es tontería dejar que la realidad te estropee una noticia, la fase dos fue cogérsela con papel de fumar: es que la seguridad, la sanidad y la limpieza en un evento multitudinario cuestan dinero; es que les han rebajado los abonos transporte; es que están usando instalaciones públicas; es que los patrocinios tienen exenciones fiscales (coño, acabamos de descubrir en qué consiste el patrocinio); es que está Madrid llena de pasos de Semana Santa y la gente tiene que ir a trabajar. Acepto el órdago: suspendamos la Feria, el Rocío, los Sanfermines, las Fallas, la Diada y las celebraciones del Madrid en Cibeles. Fuera Olimpiadas. Que no se repita la Expo 92. Que U2 no vuelva de gira por España. Fin de las concentraciones de indignados en la vía pública. Que se acaben las manifestaciones y las huelgas generales. Terminemos con los partidos de liga de alto riesgo. Fuera la fiesta de la primavera y el día del Orgullo Gay. Que los polis, los médicos y los barrenderos están para otras cosas. Que yo soy del Barcelona, que yo no soy gay, que yo no bailo sevillanas, que no me gustan la celebraciones patrióticas, que la calle se llena de borrachos, que a mí me gusta la ópera, que quemar ninots es antiecológico y la madera donde mejor está es en el bosque. "Que no, que no, que no con mis impuestos". ¿No? ¿O qué?

Aprovechando que el Pisuerga no pasa por Móstoles, llegó la fase tres: con la de niños que se mueren en África y la de tesoros que hay en el Vaticano. Pues miren ustedes: los verdaderos tesoros de la Iglesia no están en el museo vaticano. Están ya en África, y en Sudamérica, y en muchos sitios donde los robamochilas no irían ni de turismo solidario. Muchos de los asistentes al JMJ venían de allí. Están en las parroquias, en grupos misioneros, en ONG's, en Caritas, en Manos Unidas. Sólo en España los dos últimos manejan 250 millones anuales que en su inmensa mayor parte proceden de donantes particulares (lo que equivale a cinco JMJs, haciendo las cuentas de la vieja). Y ya que estamos, yo he tenido la oportunidad de visitar el dichoso museo, incluida una parte que no se muestra al público, y básicamente lo que hay allí es una amalgama variopinta, desde el martillo de plata con el que se golpea por tres veces al Papa cuando muere a objetos litúrgicos donados por reyes y jerifaltes varios. ¿Podrían venderse los chismes, subastarse La Piedad de Miguel Ángel en Sotheby's, desmontarse la basílica de san Pedro y venderla por trozos? Supongo que sí. ¿Podrían venderse los cuadros del museo del Prado y cambiarlos por comida para África (que llegue ya es un poco más complicado)? Supongo que también. Last but not least: todos estos tan súbitamente preocupados por el cuerno de África, ¿qué hacen concretamente al respecto? Porque digo yo que para arrojar tantas piedras lo moralmente correcto es estar libre de pecado. Por cierto, el que quiera redimirse un poco, lo tiene fácil:

http://www.caritas.es/qhacemos_emergencias_info.aspx?Id=2009

Como bien se han encargado todos los medios de recordarnos – especialmente los de izquierda – España es un país laico. Muy cierto y muy acertado. Casualmente, los países que no lo son tienen regímenes de otras religiones distintas a la católica, pequeño detalle a no olvidar. Por tanto, dado que Iglesia y Estado están separados, gracias a Dios y la Ilustración y a no pocos disgustos, lo que la Iglesia haga sólo le compete a los católicos siempre que no incumpla las leyes, y esto incluye el derecho de opinión, y por supuesto la contrapartida de aceptar las críticas en cuanto institución pública. Las críticas, que no las blasfemias ni las injurias.

Yo soy laico por partida doble, puesto que siendo cristiano no pertenezco a ninguna orden clerical. Y como otros millones de cristianos laicos soy consciente de que la Iglesia tiene cosas que mejorar y cuestiones en las que evolucionar; es más, de algunas de ellas depende su pujanza y su supervivencia en el largo plazo. No veo problema alguno en que los curas se casen y que las monjas consagren. Vivo con normalidad que mis amigos gays lleven una vida de pareja y se casen si lo desean. Entiendo que un buen divorcio es mejor que un matrimonio desgraciado. Me parece que no hay diferencia moral entre los anticonceptivos naturales y los que no lo son, aunque los primeros fallan mucho más. Creo que la liturgia y el lenguaje clerical hay que renovarlos de forma que realmente cumplan su propósito, sobran ornamentos y voces aflautadas y faltan palabras sencillas que lleguen directas al corazón. Es más: estaría más tranquilo si la Iglesia española se autofinanciara, sin más relación con las arcas públicas que la cesión del 0'7 del IRPF dado que también puede asignarse a ONG's. Iglesia y Estado, cuanto más lejos, mejor.

Pienso otras muchas cosas, porque soy laico y me puedo permitir expresarlo libremente ya que mi opinión sólo me obliga a mí mismo, pero precisamente porque algo conozco del tema sé que la Iglesia como institución tiene sus propios tiempos, que no son los que marcan las leyes de un país concreto ni la prensa ni los foros de internet ni los informativos de la Sexta ni los cuatro exaltados que no representan a nadie aunque se crean que sí. Precisamente lo peor que podría hacer una institución bimilenaria como esta es tratar de seguir las modas. Las leyes van y vienen y se cambian y no pasa nada, pero el Papa no es ZP y hay muchos cientos de millones de católicos en el mundo de toda laya, color e ideología. A Dios gracias, es una responsabilidad que yo no tengo ni querría tener, por la inmensa cantidad de implicaciones morales, teológicas y pragmáticas que los cambios doctrinales tienen, hasta el extremo de que algunas de estas cuestiones que muchos cristianos laicos aceptan con normalidad dudo que puedan ser nunca bendecidas por la Iglesia jerárquica. Ni yo mismo - que las apruebo - sabría cómo encajarlas. Haciendo un paralelismo chusco, un madridista puede entender algunas cosas que hace Mourinho aunque él personalmente no las comparta ni vaya a dejar de ir al Bernabeu por ello. Y cerrando la comparación, a nadie le obligan a ser del Madrid.

El pasado sábado me obligué a ver La Noria porque dedicaba su parte “seria” al JMJ y a los choques entre policías y “laicos”. Hasta me tragué el “debate”, escuché a Maria Antonia Iglesias y Pilar Rahola sacar la palabra fascismo a pasear en el minuto uno (“ese Cristo llevado por legionarios, por Dioooos, si la Legión la fundó Millán Astrayyyyy”) y lo habitual de este circo, pero el reportaje no estuvo mal, salvando quizás el pequeño detalle de que cada vez que salía el Papa ponían la música de “The wall” muy sibilinamente. No me gustó ver a la policía pegando porrazos a diestro y siniestro, en muchos casos a gente que simplemente pasaba por allí. Tampoco estuvo bien que alguno de los pacíficos “laicos” empezara tirando botellazos. Pero lo que más gracia me hizo es que a todos los tertulianos, mientras se chillaban y se quitaban la palabra unos a otros, se les llenaba la boca de decir que por suerte España es un país abierto y tolerante, y que el pasado (ese que continuamente se trae a colación en este tipo de pseudodebates) ya está superado. Yo no estaría tan seguro.

sábado, febrero 14, 2009

Oración estilo Woody Allen

¿Por qué a mí no se me ocurrirán estas cosas? Vale, ya me contesto yo solo.

Tomado de "La última noche de Boris Grushenko", cuando el personaje se encuentra preso en espera de ejecución por intento de asesinato de Napoleón y se le acaba de aparecer un ángel que le ha dicho que el emperador le perdonará la vida.

Dios se ha acordado de mi, increíble. Moisés tenia razón: el que crea en Ti, en verdad será ungido de incienso y mirra, y poseerá felicidad en abundancia y morará en la casa del Señor durante seis meses con opción a compra. Pero, el hombre perverso… el hombre perverso tendrá toda clase de problemas: su lengua quedará pegada al paladar y hablará como una mujer y para más oprobio, ese… ese ser ruin y perverso será entregado en manos de su enemigo aunque pague a los mejores abogados y ...

(A la cámara:) Espera, no apagues, que quiero decir más sobre el hombre perverso.

Caminaré a través del valle de las sombras de la muerte y luego… Rectifico, pensándolo bien correré a través del valle de las sombras de la muerte, porque corriendo se sale más pronto de ese valle; y el que tenga limpias las manos y un corazón puro estará de acuerdo con mi libro, pero el que… el que haga el tonto con los… con los animales en el granero, tendrá que ser vigilado. Gracias.

viernes, mayo 09, 2008

Israel

Se cumplen ahora los sesenta años de la creación del estado de Israel, probablemente uno de los hechos más significativos, menos comprendidos y más influyentes en el orden internacional después de la Segunda Guerra Mundial. También uno de los que más se prestan a la demagogia barata debida a un desconocimiento supino de la historia del siglo XX.

Explicarlo todo ocuparía varios posts, pero no creo que merezca la pena. Trataré de resumirlo al máximo. Para empezar, el estado de Israel se crea en un territorio que era un protectorado inglés, no un país soberano. El plan preliminar de la Sociedad de Naciones desde los años treinta era crear dos estados, pero los países árabes se opusieron desde el principio frontalmente a la existencia de un estado judío en la región, con la confianza de que, caso de fundarse, podrían exterminarlo militarmente en cuestión de horas. Por tanto, se negaron por principio a todas las propuestas de partición de Palestina que se plantearon, todas ellas con mayor territorio para la hipotética parte árabe, ya que los judíos aceptaban el criterio de mayoría étnica en cada región.

La Segunda Guerra Mundial precipitó el curso de los acontecimientos. El mensaje que el pueblo judío asimiló, incluso entre aquellos sectores que no eran abiertamente sionistas, es que el Holocausto y los muchos siglos de persecuciones demostraban que la única forma en que podrían vivir en paz y seguridad era tener su propio estado. Alemania era el país europeo donde más integrados se habían sentido los judíos. Hitler les demostró que se equivocaban, y el comportamiento de muchos compatriotas en los diferentes países europeos ocupados por los nazis no ayudó precisamente, ya que cuando no miraron para otro lado colaboraron activamente en la persecución. Comunidades judías completas y asentadas desde hacía siglos, simplemente, desaparecieron para no volver.

El Estado de Israel se proclama el 14 de Mayo de 1948. El plan aprobado por Naciones Unidas creaba un estado palestino y otro judío, con aproximadamente la misma superficie (el 54 % para Israel, pero teniendo en cuenta que le tocaba el desierto del Neguev). La respuesta de la Liga Árabe fue atacar Israel esa misma noche: Egipto, Siria, Irak, Líbano y Jordania le declaran la guerra. Sorprendentemente Israel vence (in extremis y gracias a una oportuna partida de armas checoslovaca), obteniendo más territorios de los asignados y aprovechando para unir regiones que estaban dispersas en el mapa inicial; el resto de lo que habría correspondido al nunca fundado estado palestino se lo repartieron los atacantes. Los árabes que vivían en la zona ocupada por Israel u anexionada por Egipto, Siria o Jordania pasan automáticamente a ser "refugiados", tema que merece un análisis aparte.

Según la ONU, 650.000 habitantes árabes huyeron del territorio ocupado por Israel. Lo hicieron por cuatro motivos: para evitar los combates, porque la administración se había desintegrado, por miedo a los judíos (concretamente a ciertos grupos paramilitares) y porque las radio árabes se encargaron de impartir la orden o provocar el pánico. Estos refugiados pasaron a Cisjordania, Transjordania, Irak, Siria, Egipto o Gaza, y el motivo por el que sesenta años más tarde sigamos hablando del "problema de los refugiados" es porque los países que los recibieron los mantuvieron en campos esperando una reconquista de Palestina que nunca llegó. Por tanto, ahora se da la paradoja que hay tres o cuatro veces más "refugiados" que en 1948 si contamos a sus descendientes. Por el contrario, Israel reasentó y dio la nacionalidad sistemáticamente al medio millón de judíos que fue a su vez expulsado de países árabes.

El resto de la historia de Israel en el siglo XX es cíclico: sus vecinos árabes vuelven a la carga y vuelven a perder una y otra vez, y el territorio judío a aumentar (sí, se puede hilar más fino, pero sirva a modo de resumen). Internamente, aparece otra variable con el terrorismo palestino, que provoca la tan conocida espiral acción-reacción del huevo y la gallina: atentado palestino, represalias judías (algunas particularmente odiosas como el ataque a Shabra y Shatila, que aunque efectuada por mercenarios libaneses pareció tener el consentimiento tácito israelí). Por el camino, mucha sangre inocente de uno y otro lado, y demasiadas oportunidades perdidas para la paz, la última en 2000 en Camp David con Clinton, Arafat y Barak, que estuvieron a punto de firmar un acuerdo definitivo que fue rechazado en el último momento por parte palestina, para variar.

A modo de corolario, y por si quedan dudas, no puedo simpatizar con el crimen de estado ni con la represión desmedida en la que muchas veces ha caído Israel, pero yendo al origen de la cuestión, si los palestinos no tienen un estado es porque ni sus correligionarios árabes ni sus dirigentes se lo han permitido, por acción, omisión o simple incompetencia en las múltiples oportunidades que han tenido para conseguirlo, y si los israelíes se han convertido en una potencia militar y en una especie de Goliath muchas veces cruel es porque se han visto obligados a luchar por su supervivencia como nación desde el primer minuto de vida. Los palestinos han sido sistemáticamente utilizados como ariete por las potencias limítrofes y más recientemente por el islamismo radical, pero tanto ellos como los israelíes tienen el derecho y la obligación de convivir en paz, por su bien y por el nuestro. Del odio mutuo sólo se sale con tiempo, esfuerzo y altura de miras de una y otra parte.

jueves, enero 03, 2008

"¿Hacia un catolicismo sectario?". Carlos Colón

Diario de Sevilla, 03.01.2008

ESTOY de acuerdo con mi muy apreciado compañero de página Ignacio Martínez: al principio de una "laicidad positiva" que no considera las religiones un peligro para los estados democráticos, acuñado por Sarkozy en su discurso ante el Papa, habría que añadir el de una "religiosidad positiva" que no considerara a los estados democráticos un peligro para las religiones. Sólo añadiría que la buena salud de las religiones y los estadoss exige una permanente tensión crítica para que las primeras no se deslicen al integrismo y los segundos no excedan sus competencias o, en el extremo opuesto, se inhiban dejando a los ciudadanos indefensos ante los poderes fácticos. Estoy igualmente de acuerdo con él en que los sucesores del Tarancón que "clamó por una España de todos" han dado marcha atrás, prefiriendo "la agitación política y la confrontación". Sólo añadiría que afortunadamente no todos son involucionistas, aunque desgraciadamente lo sea la mayoría. También estoy de acuerdo con mi muy apreciado compañero de página José Aguilar: los obispos que convocaron a los manifestantes "no tienen ningún derecho a obligar al Estado democrático a asumir como propio ese modelo y a imponerlo a todos los españoles", porque "la autonomía del poder civil con respecto a las instancias religiosas es una conquista irrenunciable". Pero no lo estoy en que "no debería ser motivo de escándalo que miles de ciudadanos católicos hayan secundado la llamada de sus obispos para defender a la familia cristiana en las calles".No lo estoy porque no creo que la familia cristiana deba ser defendida en las calles ni utilizada como ariete político. No lo estoy porque no creo que las leyes aprobadas en esta legislatura supongan un peligro para ella. No lo estoy porque soy católico (como decía Pepe Aguilar en su artículo, aunque me reconozco más como judeo-cristiano o cristiano, palabra que al poner a Cristo por delante de la Iglesia hermana a católicos, protestantes y ortodoxos), y como tal me siento escandalizado por la deriva de gran parte de la jerarquía española y por el poder que en la Iglesia se está dando a sectas o asociaciones integristas que tienen más que ver con los modos vulgares y el carácter ultraconservador de los predicadores americanos que con el realismo compasivo de los misioneros y de tantos curas diocesanos o con el legado de sabiduría de los padres de la Iglesia y de las grandes órdenes (franciscanos, jesuitas, carmelitas, dominicos, hospitalarios, salesianos…) que, desde el pontificado de Juan Pablo II, parecen haber sido relegadas en beneficio de estos grupos sectarios.

sábado, abril 28, 2007

Y Wyoming fue a Misa

Los caminos del Señor son tan inescrutables que lo mismo trasforman a Pablo de Tarso de genocida en santo que devuelven al redil de la Iglesia a los ateos más convencidos. De otra manera no se explica el súbito ataque de devoción experimentado por el Gran Wyoming, Guillermo Toledo, Alberto Sanjuán y otros pensadores de relumbrón, que han pasado del anticlericalismo a la estricta observancia de la praxis dominical. Suponemos que las posteriores declaraciones de Toledo revelándonos que el cardenal Rouco se encuentra en la extrema derecha, justo entre Franco y Blas Piñar más o menos, habrá que atribuírselas a los efectos del vino de consagrar por falta de costumbre.

Porque lo que ni por un momento nos planteamos es que el motivo de la súbita religiosidad de estos prohombres haya sido pegar la enésima patada en la entrepierna eclesial donde han considerado que más le puede doler. La trayectoria de compromiso e independencia intelectual por las que son bien conocidos bastaría para apartar cualquier atisbo de duda, por leve que fuera. Hoy es la defensa del pueblo cristiano acosado por la jauría jerárquica, ayer - ojú - el "no a la guerra" que es muy perra o a los petroleros derechones enviados a ensuciar las costas gallegas. Siempre al lado de la grey, como el Buen Pastor. ¿Qué hay más cristiano que eso?

Por lo demás, algo me dice que el duelo entre los párrocos de San Carlos Borromeo y el arzobispado madrileño no se debe en exclusiva a celebrar misas vestidos de calle o comulgar con pan, más que nada porque yo he asistido a bastantes eucaristías así y nunca ha venido la Inquisición a detenernos. El problema es que la información en los medios no permite sacar demasiadas conclusiones. Las razones de los "curas rojos" las sabemos bien, las del cardenal, no. Casualidades de la vida.

Me gustaría proceder ahora a hacer un análisis sosegado sobre las luces y las sombras de la Teología de la Liberación, así como su tormentosa relación con el actual Papa cuando era Prefecto para la Congregación de la Doctrina de la Fe. También podría hablar sobre por qué las iglesias se van quedando vacías. Pero eso daría para rato y no tengo más ganas de escribir. Así que a buscar en el Wikipedia.

domingo, octubre 22, 2006

Lo que dijo el Papa

Pasadas unas semanas de la polémica por las presuntamente ofensivas declaraciones del Papa sobre el Islam, me apetece hacer una reflexión sobre el fondo del mensaje, y no sobre aquello que, sacado de contexto, tantos quebraderos ha dado a la Santa Sede. Hay que partir de la base de que el Papa estaba dando una conferencia de teología, y no haciendo un discurso en la O.N.U. Por tanto, ese es el marco adecuado de análisis y no los titulares de corta-pega con una frase que, extraída del conjunto, puede parecer desafortunada.

El Papa ha hablado de fe y razón. Esa dicotomía es el motor de todo el pensamiento cristiano, y a ella se aplicaron San Agustín, San Anselmo, Santo Tomás, Spinoza y algunos otros iletrados similares. Fe y razón son dos patas de la misma mesa, enemigas íntimas en perpetuo equilibrio inestable. La religión sin razón deviene en inquisición, cruzada o superstición; la religión sin fe, simplemente, no es. Ser cristiano viene a cumplir a la perfección el principio de tensión entre extremos del que hablaba Heráclito: si sueltas un lado de la cuerda, el funambulista se cae al suelo. De modo que no nos queda otra que debatirnos entre el "credo quid absurdum est" de Tertuliano y el "cogito, ergo sum" cartesiano. Y, como bien sufrió en sus carnes Unamuno, es una batalla que no puede tener ganador si uno ha optado libremente por ser creyente (recomiendo la lectura de "El sentimiento trágico de la vida", dedicado por completo a la lucha entre el filósofo y el creyente - la parte de él que quiere creer, más bien - que lleva dentro).

La tradición de pensamiento judeocristiana y grecolatina acaban desembocando en la Ilustración y la Revolución Francesa, cuya consecuencia más clara en lo que a la religión se refiere es que la Iglesia debe permanecer apartada del Estado puesto que la fe, ante todo, es una opción que pertenece a la intimidad del hombre. Por tanto, ser creyente es una elección que cada uno debe tomar personal e intrasferiblemente, sin coacción de ningún poder constituido. Eso y no otra cosa es la libertad de credo en un contexto laico: que el Estado no pueda imponer una religión ni impedir que el ciudadano la practique, o discriminarlo en modo alguno (positiva o negativamente) por hacerlo; la religión, en definitiva, no puede forzarse por el filo de la espada ni por el peso de la ley. Claro está que este tipo de contrato social sólo puede darse en un régimen de libertades y respeto a los derechos humanos.

El pequeño detalle es que este tipo de sociedades sólo se dan, en su inmensa mayoría, en lo que llamamos "civilización occidental" (y hablo del siglo XXI, y no del XV). Siento decepcionar a los de la Alianza de Civilizaciones, pero esto no tiene vuelta de hoja. No hay un sólo país islámico donde se respeten los Derechos Humanos tal y como nosotros los entendemos, porque el Islam ha evolucionado de forma diferente, cuando no lo ha hecho hacia atrás. Tenemos para elegir entre monarquías autoritarias, dictaduras militares o repúblicas islámicas regidas por clérigos, en muchos de los cuales las otras religiones están perseguidas, empezando por la del Papa. Si existe Islam moderado, desde luego carece de la fuerza suficiente para hacerse oir más alto y claro que el integrista. Hasta que esa progresión no se dé, y no parece cercana, no sirve de mucho que nos la cojamos con papel de fumar para no molestar, ni que atribuyamos cualquier tipo de reacción fanática a la pobreza mundial, a la guerra de Irak o al conflicto entre judíos y palestinos. Nada de eso ayuda, pero la raíz del problema es muy otra.

jueves, febrero 16, 2006

Caricaturas e idiotas

Hace un par de noche asistí con sumo interés a un debate en TVE sobre la famosa polémica de las caricaturas - presuntamente - blasfemas publicadas en cierto diario danés. Entre los sesudos participantes se encontraba el subdirector del diario El País, cuya posición era la que más me interesaba de partida, ya que la del resto de los participantes - Sebastián Fanjul, Jon Juaristi, etc. - ya me la suponía o la había leído previamente. Sorprendentemente, la posición del mentado periodista era que, dejando por sentado el respeto a la libertad de expresión, publicar las caricaturas le parecía un disparate argumentando que muchos musulmanes podían ofenderse, el necesario respeto a las creencias ajenas y todo el bla bla bla multiculturalista acostumbrado. Y esto lo dice alguien que pertenece a un grupo mediático cuya cadena televisiva el año pasado emitió un - también presunto - programa cultural que versaba sobre la extraña intención gastronómica de cocinar a un Cristo.

En otros debates similares, las tesis en semejante línea de pensamiento hacían por supuesto hincapié en la guerra de Irak (que, a lo que se ve, es la fuente de todo posible conflicto entre el Islam radical y Occidente desde las Cruzadas como mínimo), al problema palestino y a toda la habitual palinodia consabida. Obviando pequeños detalles como que la mayoría de las muertes de civiles en Irak ha sido provocada por los mal llamados "insurgentes", al frente de los cuales se encuentran demócratas de toda la vida como Al Zarqaui, un filántropo jordano cuyo respeto por la vida de los iraquíes es el mismo que siente por los "cruzados" occidentales a los que decapita.

Yo he perdido mi capacidad de asombro. Si algo aprendí de filosofía de COU es que las causas por fuerza han de preceder a las consecuencias, y que hay que tratar de separar a las causas primeras de las segundas. Y esto lo digo porque no entiendo cómo tantos - presuntos - intelectuales en Europa no quieren darse cuenta que un sector nada minoritario del Islam no comparte las mismas reglas del juego que nosotros, que el Islam, en su conjunto, no ha pasado por nada parecido a la Ilustración y que para muchos musulmanes y, especialmente, para sus gobiernos, no exite separación entre religión y estado. Si a eso añadimos que la polémica ha surgido varios meses después de la publicación de las caricaturas, en plena crisis atómica con Irán y diplomática con Siria (curiosamente, los países más implicados en ella), sorprende que aquellos cuya única obligación conocida es estar informados para que los demás lo estemos nos tomen por gilipollas. Porque todo ello viene de mucho más lejos que la guerra de Irak de los cojones y tiene causas mucho más profundas de las que ni siquiera Bush tiene la culpa.

Para rematar, me maravilla que un país como España, donde a la fe católica se la ridiculiza permanentemente desde ciertos medios de comunicación, especialmente los considerados "progresistas" (me autoremito a mi artículo sobre "Los Serrano" en este mismo blog), estos mismos medios se escandalicen de la - presunta - falta de respeto que las caricaturas suponen para los musulmanes. Con lo que me pregunto si estos sesudos analistas verían bien que la próxima manifestación convocada por la Conferencia Episcopal, en vez de discurrir por la Castellana para pedir cambios en la nueva Ley de Enseñanza, se desplazara hasta Fuencarral para quemar los estudios de Tele 5, por poner un caso. La pequeña diferencia es que los cristianos occidentales, antes que cristianos, somos demócratas, y sabemos que estas cosas se resuelven en los tribunales y no mediante la violencia. Igual que sabemos que nuestras creencias son nuestras y de nadie más, y que hay ciertos derechos y libertades que prevalecen sobre nuestra cosmovisión de las cosas.

Así que desde aquí reivindico el mismo rasero: quiero las mismas lágrimas de cocodrilo cada vez que se cocine un Cristo en la tele, o cada vez que en una serie el cura y la monja de turno sirvan de mofa y befa, o cada vez que un personaje de "Siete vidas" haga un chiste sobre la fe católica. Pero si la libertad de expresión debe prevalecer - y DEBE PREVALECER - lo único que pido es igualdad de criterios.

Idiotas, más que idiotas.

martes, noviembre 08, 2005

Alla maniera di Fallaci

La decadencia de las civilizaciones suele empezar cuando empiezan a poner en duda sus propios fundamentos, cuando los impulsos que favorecen sus proyectos históricos empiezan a perder fuerza y el acomodo reemplaza al estímulo. Si de alguna manera tuviera que describir la sociedad en que vivimos desde el punto de vista de la psicología, diría que somos la encarnación del complejo de culpa o la sublimación del masoquismo. La raíz última del problema es que nuestro sistema de valores se ha acabado resumiendo en uno: los derechos son individuales, pero los deberes son colectivos. Hemos eliminado la responsabilidad personal de nuestro ideario, lo que a la postre significa que atribuimos una difusa culpa social a cualquier tipo de crisis; es decir, de todos, es decir, de nadie.

Y esto nos hace extremadamente débiles, aunque nuestro desarrollo económico y tecnológico diga lo contrario. Débiles ante el terrorismo, ante los comportamientos antisociales de toda índole - dentro y fuera de nuestras fronteras -, ante los "-ismos" de cualquier color. Somos, en fin, excesivamente vulnerables frente a cualquier manifestación del nihilismo, quizás porque detrás de nuestras convenciones intelectuales últimas no hay más que eso: la nada absoluta.

Si Hitler viviera hoy, toda Europa sería nazi. La expansión alemana sería perfectamente justificada por los abusos del Tratado de Versalles y nos negaríamos a ir a la guerra, porque la guerra es el mal absoluto y andamos sobrados de Edens y cortitos de Churchills. Al fin y al cabo, los nazis no serían más que víctimas de la depresión económica alemana y de una educación inapropriada, empujados de forma ineludible a la conquista de Polonia ante la falta de expectativas y el ansia de restitución de algún difuso derecho histórico. Permitiéndome la anacronía, diría que el exterminio de judíos hoy día estaría hasta bien visto como justiprecio por el "genocidio" palestino. Y Normandía se consideraría una agresión imperialista.

El hecho de que yo pueda estar aquí tan ricamente escribiendo en mi blog se debe al desarrollo de una sociedad cuyo progreso se hizo a golpes de filosofía griega, el derecho y la cultura romanos, el renacimiento, la revolución francesa, el humanismo cristiano, el marxismo, el liberalismo, la separación entre religión y estado, la revolución industrial, la democracia. Cuyo reverso son el capitalismo salvaje, las cruzadas, las chekas o el colonialismo, ciertamente; pero un reverso del que somos conscientes y que nos hemos esforzado en superar colectivamente. Mi pregunta es: ¿por qué a demasiados les cae más simpático Atila que Augusto?

Dice Julián Marías - no sé si heredado de Ortega - que no se debe intentar contentar a quien no se quiere contentar. O dicho de otro modo: jamás debe tolerarse lo intolerable. Aunque esté bien visto.

jueves, abril 07, 2005

Adiós, Santidad

Aunque me esté mal el reconocerlo como católico, he aprendido más sobre Juan Pablo II en esta última semana que en toda una vida de cristiano practicante o aproximadamente practicante. Y aunque en vida del papa me he sentido en muchas cuestiones parcial o completamente en disidencia, me es imposible ignorar el hecho de que ante su muerte las cosas se han encajado de una manera inesperada para mí. Quizás porque la muerte y la ausencia relativizan las sombras y engrandecen las luces, el caso es que me he sorprendido a mí mismo sintiendo que algo mío ha muerto con Karol Wojtyla; que este papa, después de todo, era "mi" papa. Porque con todos sus defectos y contradicciones, esta Iglesia es mi Iglesia, independientemente de que no comulgue con algunos de sus dogmas o muchas de sus decisiones temporales.

No debo andar demasiado descaminado teniendo en cuenta que hay muchos millones de católicos y no católicos que sienten algo parecido. Podemos achacárselo a la proyección mediática de Juan Pablo II, al "merchandising" vaticano o al Espíritu Santo. Sin embargo, detecto que por debajo de todo eso subyace una verdad más elemental que no sabría explicar del todo y que atribuyo a raíces más profundas y menos pragmáticas.

He leído todo lo que ha caído en mis manos estos días sobre la vida y milagros del papa Wojtyla, inclusive opiniones terriblemente críticas, como la de Hans Küng o Leonardo Boff. Es evidente que entre el papa muerto y los teólogos de la liberación hubo un muro de incomprensión y que como católico de a pie no sabría bien con qué carta quedarme. En cualquier caso, no es más que la enésima demostración de que eso que llamamos Iglesia no es el bloque monolítico que sus enemigos le atribuyen.

No sé si Juan Pablo II es el gran pacificador, la personalidad más importante de la segunda mitad del siglo XX y el líder espiritual más respetado del orbe o por el contrario el dictador retrógrado de mano férrea rodeado de Opus, corresponsable del SIDA en África y alejado del progreso social. Sin embargo, creo que no se le puede negar una coherencia radical en su devenir vital, para lo bueno y para lo malo. Y tampoco olvidar que la labor de la Iglesia, por mucho que lo exijan sus detractores y todos aquellos a los que la doctrina cristiana se la trae al fresco, no es acomodarse a los tiempos ni correr tras las modas. El deber de la Iglesia es salvaguardar una doctrina que tiene dos mil años y hacerlo en el modo en que crea más fiel a ese mensaje. Los tiempos viajan en avión y cambian deprisa, la Iglesia camina a pie y debe tantear muy bien el terreno que pisa. Puede que no siempre diga lo que queremos oír, puede que esté muchas veces equivocada, pero cumple con su obligación cuando sirve de contrapeso con el Evangelio en la mano. En la conciencia de cada creyente está el juzgar rectamente y decidir en consecuencia.
Como cristiano creo que Juan Pablo II sigue vivo en el sentido literal de la palabra. Y espero que Dios - al que no veo pero en el que confío - haga lo que esté en su mano para que el papa que haya de venir sea el adecuado para los tiempos que corren. No para adaptarse a ellos, sino para mejorarlos.

Descansa en paz, Karol.