lunes, octubre 27, 2008

Kansas City, ciudad sin ley pero con fútbol

Aunque suene al título de una película de vaqueros de serie B, el lugar al que me refiero está en Sevilla, concretamente el punto marcado con un globo rojo:



Haciendo un poco de historia, la rotonda interior donde se encuentra la marca se supone que es privada, es decir, pertenece a la comunidad de vecinos colindante. Lo que pasa es que es una privacidad un tanto "sui generis". O sea:

- La tuvieron que asfaltar los vecinos pagando de su bolsillo, pero el ayuntamiento no permite cerrarla al tráfico.
- Parques y jardines no la mantiene, con lo que la vegetación o lo que queda de ella, aparte de estar hecha unos zorros, se está cargando el firme.
- Se siguen haciendo botellonas los fines de semana, aunque es zona residencial y están prohibidas.
- Aparca hasta el Tato como le da la gana con aquiescencia de la policía municipal, que aparece poco, mal y tarde.
- Hay gorrillas.

Para acabar de dar la puntilla, los días en que el Sevilla F.C. tiene partido la cosa se pone aún más divertida si cabe. Y si no, juzguen ustedes mismos (foto tomada ayer):



Desde aquí quiero enviar mi saludo más efusivo a los conductores en segunda fila, especialmente al del Ibiza blanco del centro de la imagen que se las avió el solito para cortar el acceso a la rotonda. Eres un crack, macho.

En realidad, tampoco es que sea para tanto. Los vecinos ya han acordado no ponerse malos los domingos de 16:00 a 20:00, y se han comprado una bicicleta cada uno para poder desplazarse ellos mismos al hospital en caso de emergencia. También han acordado que ninguna casa va a arder en horario de partido y que nadie va a moverse de allí mientras el Sánchez Pizjuán esté lleno de aficionados ahítos de deporte de alta competición, aunque haya que ir a visitar a la familia. Que nada se interponga entre el deporte rey y sus súbditos.

Añadiré colateralmente que el año pasado mi mujer fue multada por hacer una parada en la zona de carga y descarga del aeropuerto, donde trabaja, yendo con mi hija mayor y embarazada de seis meses de la pequeña. Tardó un minuto y medio en entrar y salir de su oficina, previo aviso al municipal de turno que estaba allí, que de todas maneras le puso la denuncia. O sea, que usted no puede parar en un sitio donde pone que se puede parar, no sé si me explico. Mis sucesivos recursos han sido rechazados replicando que no aporto "argumentos jurídicos". O sea, a usted le acusan de matar a Manolete y aunque responda que entonces no había nacido y que no es un toro, le responderían que esos no son argumentos jurídicos. Y es que no había caído: debería haber alegado que tengo carnet del Sevilla F.C.

Corolario I: el municipal del aeropuerto de aquél día no era de los habituales porque éstos habían ido al entierro de Puerta. Esto sólo pudo interpretarlo como una señal divina.

Corolario II: no tengo nada contra el Sevilla F.C., es decir, no soy del Betis. Pero en la Cartuja estarían más guapos.

viernes, octubre 24, 2008

Lógica infantil

Me ha llegado por correo electrónico. No tiene desperdicio.

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Jairo, 3 años
Un día dijo Jairo:'Cuando sea mayor, si tengo bigote, me llamaré Paco'

Hugo, 4 años
Hugo preguntó a su madre: 'Mamá, ¿cómo salí de tu barriga?'. Y su madre le respondió: 'Pues primero salió la cabeza, después los hombros, luego el cuerpo y al final las piernas'. Y dijo Hugo,
asustado: 'Mamá, ¿pero es que salí destrozado?'

Marta, 4 años
Marta había oído hablar a su hermano mayor de que el hombre venía del mono, así que le preguntó a su madre: 'Tú, mamá, cuando eras mono.. ¿ya llevabas gafas?'

Tomás, 6 años
Un día Tomás le preguntó a su madre: 'Si quieres ser torero, ¿el toro hay que llevarlo o te lo dan allí?'

Nacho, 6 años
Una mañana, cuando su madre lo despertó para ir al cole, le dijo
Nacho: 'No quiero ir más al colegio. Bórrame'. La madre le contestó: 'Pero si ya no te puedo borrar, tienes que ir todos los días'. Nacho, con cara de asombro, preguntó: '¿Es que me habéis apuntado con boli?'

Manuel, 3 años
En la escuela infantil a la que va Manuel también hay bebés. Un día estaba mirando cómo uno de 10 meses pasaba las páginas de un cuento mientras balbuceaba sin parar, y le dijo a su profesora: 'No me gusta nada cuando lee en inglés'

Marina 7 años
Un día su primo Óscar le contaba que él conocía a dos chicas que eran gays y Marina le dijo:'No se dice gays, se dice colombianas'

Marta, 3 años
Una noche, mientras todos dormían, Marta se acercó a la cama de su madre y le
dijo: 'Mamá, mamá he hecho pipi, pero no he tirado de la cadena para no despertarte, ¿vale?'

Claudia 4 años
El padre de Claudia se agachó para atarle los zapatos, y la niña, al verle la coronilla sin pelo, exclamó alucinada: '¡Papá, tienes carne en la cabeza!'

Isaac 4 años
Isaac iba corriendo, tropezó con su hermania y la tiró al suelo. Su madre le
dijo: 'Isaac, ¿qué le tienes que decir a tu hermana?'. E Isaac respondió: 'Que se aparte'

David, 5 años
Un día les dijo a sus padres: 'Y vosotros, cuando yo tenga novia, ¿dónde vais a vivir?'

Pedro 4 años
Hace un par de meses decidieron hacerle el carné de identidad, que le llegó hace un par de semanas. Cuando su madre se lo enseñó a Pedro y le dijo que era su carné, él dijo: 'Ay, qué bien, ahora ya puedo conducir'

Julia, 3 años
Cuando a Julia le dijeron sus padres que iba a tener un hermanito, ella dijo:
''Qué bien, pero ¿quienes van a ser sus papás?

domingo, octubre 05, 2008

Caos de la justicia española for dummies

Imagine que usted forma parte de una empresa con presencia en todo el territorio español, lo cual a lo mejor no es una suposición sino una realidad. Su empresa está dividida en zonas que dependen de una sede central en Madrid. Para dar soporte a la operación de toda la compañía, existe un sistema informático con las siguientes características:

1) Cada zona tiene su propia base de datos de clientes, stocks, facturación, nóminas, etc.
2) Cada zona utiliza un programa de usuario diferente para acceder a esos datos.
3) Desde el programa sólo se pueden mirar los datos de la propia zona.
4) Si necesita consultar los datos de otra zona, tiene que gestionarlo a través de sus superiores y es posible que los consiga o no, y si los consigue, el plazo es completamente variable.
5) Cualquier queja a la sede central respecto a las limitaciones manifiestas del sistema será considerada por sus jefes regionales como políticamente incorrecta e incomodará también al consejero delegado.
6) Los ordenadores de los empleados son PC's del año de la polka, no todos funcionan y no todos los empleados saben manejarlo.
7) Los centros de trabajo son edificios antiguos, con mobiliario obsoleto y pensados para dar servicio a la mitad de los empleados que en realidad los ocupan.

Esta empresa funciona como el culo, es incapaz de atender razonablemente a sus clientes y no está en quiebra porque es pública.

Hecho este ejercicio, sustituyan "clientes" por "ciudadanos", "empresa" por "administración de justicia", "sede central" por "Gobierno Central", "zonas" por "autonomías" y "clientes, facturación, nóminas" por "base de datos" de la Policía Nacional, los Mossos, la Ertzaintza, etc., así como las propias de la administración de justicia de cada autonomía.

Por tanto, no se extrañen que un tío esté en busca y captura en Lérida y Soria pero viviendo tan tranquilamente en Conil. Y recen para que sea por el robo de un pollo en un supermercado.

domingo, septiembre 28, 2008

Telemadrid y el catalán

Un primo mío me pide que publique lo que a continuación se muestra. Es una crítica bastante divertida sobre un reportaje de Telemadrid en el cual se escandalizan de ir a Cataluña y encontrarse con bares que tienen la carta en catalán. Encuentro la postura del escritor (cuya identidad ignoro) bastante razonable y dado que últimamente he colgado bastantes entradas relativas a esta cuestión, creo que es de justicia añadir ésta, entre otras cosas porque comparto enteramente lo que en ella se dice. Que disfruten.

En esta noticia de Telemadrid se quejan de que si te vas de vacaciones a la costa catalana, los restaurantes se llaman 'El racó del Bon Menjar' y los helados se llaman 'gelats' y los zumos se llaman 'sucs', y se quejan de que esto sea así,
y de que se indique así.

¡Qué fuerte, qué fuerte! Así que 'gelats'... ¡qué barbaridad!

¡¡En catalán helados no se dice 'helados', se dice 'gelats'!!

¡¡Dios, qué fuerteeeee... qué atropello, qué indignación!!

¿¿Pero cómo puede ser que en otro idioma no digan 'helados' igual que se dice en español??

(menudo descubrimiento que acaban de hacer estos 'periodistas' de TeleEspe, ¿eh?)

Y encima la culpa de que se diga 'gelats' la tiene el gobierno catalán.... que es el que está obligando a los catalanes a decir 'gelat' y 'entrepà de formatge', pero qué fuerte!!!

Lo mejor de todo es el enfoque de la noticia: SE QUEJAN DE QUE AL ESTAR EN CATALÁN, LOS TURISTAS NO LO ENTIENDEN.

Y luego nos recuerdan que el turismo es muy importante para la economía española, para que pensemos que por culpa del catalán y el vasco toda España nos vamos a arruinar...
(Por cierto, no viene a cuento, pero ¿Sabéis que entre los mejores restaurantes del mundo, todos los españoles que hay son catalanes o vascos?).

Vaya, vaya... así que en Telemadrid se quejan de que los guiris no entienden los letretitos de los bares.

Pero es que como todos sabemos, los ingleses y alemanes que vienen a emborracharse en las playas españolas tienen todos un doctorado en filología hispánica y si estuviera en español lo entenderían... además de que un restaurante no se ve claramente que es un restaurante, y un puesto de helados tampoco se ve claramente que es un puesto de helados.... NO... no se ve. Es necesario que lo ponga un cartel, y además en español.

Yo es que vamos, cuando me enteré de que en la esquina de mi casa había un bar fue porque había un letrero que ponía 'bar', ya que lógicamente, cuando vi el bar como tal no me di cuenta de que era un bar...

¿Qué debía de ser aquello tan raro con mesas y sillas y una barra y una terraza donde un señor servía cervezas y cafés?

¿Sería un puticlub al aire libre? ¿O una correduría de seguros? Hummm... ¿Un bufete de abogados? ¿O quizás una obra de Gaudí en plan tirao?
No, espera... ¿Y si era una tienda del Barça? ¡O una sede de Esquerra Republicana de Catalunya! ¡Ahí, en medio de la calle, que la ven los niños!

No... señores... ese sitio donde un camarero servía tapas y bebidas... ¡¡era un bar!!

¡¡¡Quéeeee!!! ¿¿Un bar??

¡¡Pues que pongan el letrero con la palabra BAR bien grande (y en español), que soy de Madrid y no me enteroooo!!

Volviendo al ejemplo del 'entrepà de formatge' (bocadillo de queso).
No es por nada pero un francés y un italiano entienden perfectamente la palabra 'formatge', porque en su idioma se dice igual. Lo que dudo que entiendan es 'queso'.
¿Es que Cataluña o Mallorca no tienen turistas franceses o italianos?

Curiosamente, en italiano 'helado' se dice 'gelato' (muy parecido a 'gelat') y yo creo que es mucho más internacional escribirlo con G que con H (incluso en Japón existe la palabra GELATO!!), ya que todo el mundo conoce el famosísimo 'gelato' italiano (menos en Madrid... allí por lo visto sólo comen membrillo).

Otra de las quejas de la noticia es que tardaron 'una semana' en enterarse de que en un sitio donde ponía 'FRUITA' vendían fruta.

¡Uffff!

¡30 años de vida y 5 cursando una carrera para descifrar este increíble jeroglifico... FRUITA = FRUTA!

Estos de Telemadrid.... les cuesta, les cuesta...

Pero de nuevo lo más curioso.... Insisten en que los extranjeros no lo entienden...
¿Ah, no?

¡¡Pero si en inglés fruta es FRUIT !!

¡¡FRUIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIT!!

(Señores de Telemadrid: ¿notan ustedes el asombroso parecido con la palabra catalana FRUIIIIIITA? Está en la letrita 'i', por si su gran conocimiento de idiomas no les permite percatarse de ello).

Una cosa que muy poca gente sabe, y que no interesa que se sepa, es que el español es una lengua rara entre todas las románicas porque el vocabulario se derivó de una forma muy diferente... por ejemplo: ventana se dice finestra en catalán, fênetre en francés, fenestra en italiano... el español es el único en que derivó 'ventana'. Lo mismo pasa con 'dirección', en todas las lenguas románicas existen dos palabras: una para referirse a la dirección en que algo se mueve (direcció, direction...) y otra para la dirección donde está algo, como una casa o una dirección de e-mail (adreça, addresse, indirizzo)... El español es la única en que sólo derivó dirección.. Y lo curioso es que gracias a que muchas palabras pasaron del francés al inglés (liberty, transport, table), en inglés también existen dos palabras: 'direction' y 'addresse' (¡qué curioso! ¡se parece al catalán adreça y se pronuncia casi igual!).
El catalán es una puerta directa para comprender el francés, e indirecta para comprener mejor el inglés... y viceversa.
Otro ejemplo: mesa... en catalán taula, en francés table... y en inglés también 'table'.
Y otro: aceite... en catalán OLI, en italiano OLIO, en francés HUILE y en inglés OIL.

Pero claro, los de Telemadrid se quejarán si van a un bar en Barcelona y en las aceiteras pone OLI (en catalán) y no ACEITE, porque dirán que es que OLI los extranjeros no lo entienden, pero aceite sí que lo entieden (claro, claro...).
Lo curioso es que en las aceiteras normalmente no pone NADA, porque todo el mundo sabe distinguir el aceite del vinagre (supongo que en Madrid también...).

¡Ay, qué lengua tan difícil el catalán!
¡Que no se entiendeeee!

Volviendo a la noticia...
Es curioso que no se quejen de que en los autobuses tampoco ponga 'autobús', sino 'Transports Metropolitans de Barcelona'... porque claro, para saber que eso es un autobús, hace falta que lleve un cartel bien grande que ponga 'AUTOBÚS' (en español), que si no, los madrileños no lo entienden y se piensan que es un coche de bomberos... igual que una heladería, que si no pone bien grande 'HELADOS' se piensan que lo que están vendiendo son cacas de perro de colorines. ¿Y ya les han pedido a los del McDonald's que pongan un letrero donde diga 'Hamburguesería' (en español)? A ver si un madrileño se va a pensar que es una tienda de algo de Madonna...
Por cierto... en Cataluña y Mallorca muchos McDonald's tienen los menús en catalán... queja que también leí en otra noticia.
¡Ay, qué dilema!
¿Cómo se dirá BigMac en catalán? ¿Y Coca-Cola? ¿Y McFlurry? ¿Y McNuggets? ¿Y patatas?
'¡¡Jo, tía, yo es cuando me la voy al McDonald's en Barcelona está el menú en catalán y la digo, que no me la entiendo!!'

(Nota: patatas se dice patates, apuntáoslo que no se os olvide, no sea que luego no lo vayáis a entender).

Por lo visto llevan un par de años con este tipo de noticias dando a entender que moverse por Cataluña es imposible porque no se entera uno de nada... y también difundiendo la idea de que 'te multan si pones el letrero en castellano', cuando la realidad es que los comercios pueden poner todas las lenguas que quieran, sólo se les pide que también haya información disponible en catalán.
Alguno no estará de acuerdo en que se obligue a poner la información como mínimo en catalán (o el idioma que sea), ya que lo que debe primar es la libertad, si sólo quieren ponerlo en chino, pues en chino... Pero ése es otro tema, y curiosamente, nunca lo han tratado en Telemadrid ni en ningún otro sitio. Ellos (y la Cope y muchos otros medios) sólo han tratado esta gran mentira: 'Te multan por rotular en castellano'. Es decir: Está prohibido usar el castellano.
¿Cómo te van a multar por escribir algo en castellano? ¿Alguien se lo cree? Sí: los tontos.

De todas formas, si un restaurante decide llamarse 'El racó del Bon Menjar' y no 'Mesón Pepe' será porque quiere, ¿no?
Pero claro, en Telemadrid se quejan de que con ese nombre los turistas no entienden que ahí lo que se vende es comida ('menjar').

Es curioso, porque la mitad de veces en mi vida que he comido en un bar o restaurante (en España, en Italia, en Japón, en Francia...), jamás me fijé cómo se llamaba...
¡Simplemente vi que era un restaurante y entré!
Pero, no, los telemadriles quieren que se lo pongan ahí bien clarito en su idioma, así en plan Homer Simpson.

'ATENCIÓN: AQUÍ, COMIDA, PA JALAR, ¡ÑAM ÑAM!'

Por cierto, yo tengo una queja respecto a los bares de Madrid.
He ido muchas veces, y me encanta ir a comer al MUSEO DEL JAMÓN.
A pesar de su nombre, no es un museo, es un bar-restaurante... Yo supongo que los madrileños, listos y cultos como son con sus musicales y sus museos y su Real Academia y esas cosas, saben reconocer que un bar-restaurante es un bar-restaurante y no el Museo del Prado, por mucho que se llame 'museo' (de la misma manera que sabrán que una heladería es una heladería aunque lo ponga en catalán, ¿o es que el sentido común se lo dejan en casa?)..

La cuestión es que en este Museo del Jamón, al igual que en algunos bares de Madrid, vendían una cosa que ponían ahí en un letrero, y que yo nunca logré entender lo que era.

Ellos se quejan del 'entrepà de formatge' en un bar de pueblo catalán, porque no se entiende. Pues yo me quejo de otra cosa que tampoco entiendo, no en un bar de pueblo, sino por todo el centro de la capital española.

La cosa que nunca logré entender en Madrid, por no estar rotulada en cristiano fue:

'PANTUMACA'

¿¿¡¡ QUÉ COÑO ES PANTUMACA !!??

¿¿ES UNA PALABRA DEL DIALECTO MADRILEÑO??

¡¡¡¡ QUE ROTULEN EN ESPAÑOL, POR FAVOR !!!!

PD: Esto es una crítica sarcástica a Telemadrid y a la gente rancia que aún no se ha enterado de que en España (como en muchos países) se hablan varios idiomas y es algo perfectamente normal.
NO es una crítica a los madrileños (entre otras cosas porque tengo amigos que lo son) ni tampoco es una crítica a su maravillosa ciudad.

Cartas de una sobrecargo y un mecánico de Spanair

Estas dos cartas me han llegado a través de un familiar que trabaja en Spanair. Creo que son interesantes y necesarias en medio del desastre desinformativo, amarillista y en demasiadas ocasiones tendencioso al que hemos asistido - y seguimos asistiendo - en los medios de comunicación a raíz del accidente ocurrido en Barajas en el mes de agosto. Ambas presentan dos puntos de vista diferentes "desde dentro" que conviene saber.

Por cierto: si los autores de las cartas llegaran a este blog - casualidades más raras he visto - y no desearan que estuvieran publicadas en internet, no tienen más que ponerse en contacto conmigo.

Pasen y lean:

"Soy sobrecargo de Spanair".
"Catástrofe en Madrid".

"La eterna seducción". Carlos Boyero

Para leer el artículo, pincha aquí.

domingo, septiembre 21, 2008

"Manifiesto..." for dummies

La polémica en torno al "Manifiesto por una lengua común" es el enésimo ejemplo de que andamos cortitos de lectura comprensiva, por un cúmulo de razones que van desde la estulticia a la ignorancia pasando por la mala leche. Si lo que se dice en el mentado documento ofende a alguien, esto no hace más que confirmar el problema que denuncia.

Después de un sesudo análisis de lo que he ido encontrando por foros, blogs y cartas al director he llegado a la conclusión de que los que han criticado más o menos furibundamente el manifiesto (empezando por nuestro bienamado Presidente) lo han hecho por alguno de lo siguientes motivos:

1) No se lo han leído.
2) Se lo han leído pero no lo han entendido.
3) Les caen gordos aquellos que lo han apoyado.
4) Tienen intereses políticos o económicos con personas de los grupos 1, 2 y 3.

Para empezar, no es un "manifiesto por la defensa del castellano", idioma que goza de excelente salud. Gracias, principalmente, a que hay otros 400 millones de hispanohablantes que no son españoles, ni periodistas españoles, ni políticos españoles, ni "intelectuales" españoles, y lo tratan con mucha más delicadeza, riqueza y aprovechamiento que nosotros. Así que no, queridos, no van por ahí los tiros.

Lo que el manifiesto dice es tan de Perogrullo que debería ser innecesario en un país donde la inteligencia colectiva fuera normal, que no es el caso, y es lo siguiente: dado que la única lengua que se habla en toda España es el castellano, hecho reconocido oficialmente en la Constitución, todo español tiene el derecho de que las administraciones públicas les atiendan al menos en castellano independientemente de la región en la que habite. Dicha atención incluye desde las ventanillas hasta los documentos oficiales, la rotulación con cargo al erario público (que es su dinero y el mío) y, especialmente, la lengua vehicular de la educación.

En ningún caso se solicita que eso se haga en detrimento de las lenguas autonómicas ni se pone en duda que esa normalidad linguística ya existe en la calle: de lo que se trata es de llevar la normalidad de la calle a las administraciones públicas, o dicho de otra forma, que lo que usted paga con sus impuestos esté a su servicio y no al revés. Argumentos del tipo "el castellano no corre peligro aquí porque todo el mundo lo habla" son inválidos, porque no es ese el objeto de la discusión. De lo que se trata es de que si a usted le toca irse a vivir a esa comunidad, tenga la certeza de que sus hijos podrán ser educados también en castellano si ese es su deseo, que las señales de tráfico estarán escritas también en castellano y que los bandos de su Ayuntamiento o los anuncios oficiales en su ambulatorio podrá leerlos también en castellano. Mal que nos pese a la mayoría, eso no está garantizado a día de hoy. Y el que diga lo contrario miente como un bellaco.

Que el Estado (y las Comunidades Autónomas son Estado por delegación) garantice la atención en castellano es su obligación y el ciudadano tiene perfecto derecho a exigirle que la cumpla. Lo demás son ganas de marear la perdiz.

martes, septiembre 09, 2008

"Mi propio manifiesto". Arturo Pérez Reverte

XL SEMANAL, 24-08-2008 y 31-08-2008

Parte I

A ciertos amigos les ha extrañado que el arriba firmante, que presume de cazar solo, se adhiriese al Manifiesto de la Lengua Común. Y no me sorprende. Nunca antes firmé manifiesto alguno. Cuando leí éste por primera vez, ya publicado, ni siquiera me satisfizo cómo estaba escrito. Pero era el que había, y yo estaba de acuerdo en lo sustancial. Así que mandé mi firma. Otros lo hicieron, y ha sido instructivo comprobar cómo en la movida posterior algún ilustre se ha retractado de modo más bien rastrero. Ése no es mi caso: sostengo lo que firmé. No porque estime que el manifiesto consiga nada, claro. Lo hice porque lo creí mi obligación. Por fastidiar, más que nada. Y en eso sigo.

No es verdad que en España corra peligro la lengua castellana, conocida como español en todo el mundo. Al contrario. En el País Vasco, Galicia y Cataluña, la gente se relaciona con normalidad en dos idiomas. Basta con observar lo que los libreros de allí, nacionalistas o no, tienen en los escaparates. O viajar por los Estados Unidos con las orejas limpias. El español, lengua potente, se come el mundo sin pelar. Quien no lo domine, allá él. No sólo pierde una herramienta admirable, sino también cuanto ese idioma dejó en la memoria escrita de la Humanidad. Reducirlo todo a mero símbolo de imposición nacional sobre lenguas minoritarias es hacer excesivo honor al nacionalismo extremo español, tan analfabeto como el autonómico. Esta lengua es universal, enorme, generosa, compartida por razas diversas mucho más allá de las catetas reducciones chauvinistas.

La cuestión es otra. Firmé porque estoy harto de cagaditas de rata en el arroz. Detesto cualquier nacionalismo radical: lo mismo el de arriba España que el de viva mi pueblo y su patrona. Durante toda mi vida he viajado y leído libros. También vi llenarse muchas fosas comunes a causa del fanatismo, la incultura y la ruindad. En mis novelas históricas intento siempre, con humor o amargura, devolver las cosas a su sitio y centrarme donde debo: en el torpe, cruel y desconcertado ser humano. Pero hay un nacionalismo en el que milito sin complejos: el de la lengua que comparto, no sólo con los españoles, sino con 450 millones de personas capaces, si se lo proponen, de leer el Quijote en su escritura original. Amo esa lengua-nación con pasión extrema. Cuando me hicieron académico de la RAE acepté batirme por ella cuando fuera necesario. Y eso hago ahora. Que se mueran los feos.

Quien afirme que el bilingüismo es normal en las autonomías españolas con lengua propia, miente por la gola. La calle es bilingüe, por supuesto. Ahí no hay problemas de convivencia, porque la gente no es imbécil ni malvada, ni tiene la poca vergüenza de nuestra clase política. La Administración, la Sanidad, la Educación, son otra cosa. En algunos lugares no se puede escolarizar a los niños también en lengua española. Ojo. No digo escolarizar sólo en lengua española, sino en un sistema equilibrado. Bilingüe. Ocurre, además, que todo ciudadano español necesita allí el idioma local para ejercer ciertos derechos sin exponerse a una multa, una desatención o un insulto. Métanse en una página de Internet de la Generalidad sin saber catalán, por ejemplo. De cumplirse el propósito nacionalista, quien dentro de un par de generaciones pretenda moverse en instancias oficiales por todo el territorio español, deberá apañárselas en cuatro idiomas como mínimo. Eso es un disparate. Según la Constitución, que está por encima de estatutos y de pasteleos, cualquier español tiene derecho a usar la lengua que desee, pero sólo está obligado a conocer una: el castellano. Lengua común por una razón práctica: en España la hablamos todos. Las otras, no. Son respetabilísimas, pero no comunes. Serán sólo locales, autonómicas o como queramos llamarlas, mientras los países o naciones que las hablan no consigan su independencia. Cuando eso ocurra, cualquier español tendrá la obligación, la necesidad y el gusto, supongo, de conocerlas si viaja o se instala allí. En el extranjero. Pero todavía no es el caso.

Y aquí me tienen. Desestabilizando la cohesión social. Fanático de la lengua del Imperio, ya saben. Tufillo franquista: esa palabra clave, vademécum de los golfos y los imbéciles. La puta España del amigo Rubianes. Etcétera. Así que hoy, con su permiso, yo también me cisco en las patrias grandes y en las chicas, en las lenguas –incluida la mía– y en las banderas, sean las que sean, cuando se usan como camuflaje de la poca vergüenza. Porque no es la lengua, naturalmente. Ése es el pretexto. De lo que se trata es de adoctrinar a las nuevas generaciones en la mezquindad de la parcelita. Léanse los libros de texto, maldita sea. Algunos incluso están en español. Lo que más revienta son dos cosas: que nos tomen por tontos, y la peña de golfos que, por simple toma y daca, les sigue la corriente. Pero de ellos hablaremos la semana que viene.

Parte II

La semana pasada se acabó la página cuando les comentaba cómo ni el Gobierno central ni algunos gobiernos autonómicos garantizan el libre uso del castellano, o español, en la Administración, Sanidad o Educación de toda España. Franquismo al revés: antes era el español forzoso para todo, y ahora es la lengua local la obligatoria. Cuando los nacionalistas buscaban parcelita, la palabra bilingüismo era mágica: daban el alma por rotular también en catalán, gallego o vascuence. Ahora proclaman sin disimulo el ideal de una nación monolingüe, aunque no encaje en la realidad de la calle. Pese a que su mala fe es evidente, aún hay palmeros y cómplices afirmando que eso es progresista; y denunciarlo, resabio imperial. Y mientras tanto imbécil –en el más honrado de los casos– mira al tendido o lleva el botijo, cuatro golfos oportunistas han convertido las respectivas lenguas, valiosas herramientas culturales y de comunicación, en filtro sectario para excluir a los no afines y promocionar en el trabajo y la sociedad a su clientela exclusiva. Marginando la excelencia profesional a favor de la lingüística, como si contara más el idioma que la habilidad de quien opera con un bisturí. Tal es el sentido de la sobada cohesión social: hablar sólo una lengua propia como si la común, el español, no lo fuese. Empeño legítimo, por cierto, para un catalán, un vasco o un gallego nacionalistas; pero injusto para quien no lo es. En una España llena de naturales e inmigrantes que van de una autonomía a otra buscando trabajo, es un disparate negarles el único idioma que permite comunicarse en todo el territorio nacional –y también fuera de él– con soltura y libertad.

En esta canallada política nadie tiene la exclusiva. Los graves cantamañanas del Pepé, reunidos hace mes y pico en San Millán de la Cogolla para proclamar su apoyo a la lengua española, podían haberlo hecho con más eficacia y menos demagogia durante los ocho años que estuvieron en el poder. Entonces, la peña del amigo Ansar tragó de todo. Como tragará en el futuro, por mucho que ahora subscriba el manifiesto de la Lengua Común o el de la Lirio, la Lirio tiene, tiene una pena la Lirio. Así que, en mi opinión, Mariano Rajoy puede meterse la adhesión donde le quepa. Por culpa de tanto oportunista, al final siempre terminan vendiéndonos la lengua española como enfrentamiento entre derecha e izquierda; cuando, en realidad, los políticos de derechas tienen tanta desvergüenza como los de izquierdas. Es cosa del puerco y común oficio.

En cuanto a los que se llenan la boca de República o Guerra Civil, cuya realidad tanto manipulan, hay que recordarles que la mayor parte de quienes lucharon por esa República no lo hicieron para darles un cortijo con lengua propia a cuatro mangantes, sino para que una España de ciudadanos fuese más culta, libre y solidaria. Uno comprende que la derecha, con su desvergüenza innata, vaya y venga envuelta en toda clase de farfollas trompeteras. A fin de cuentas, su discurso es, a escala nacional, el que los nacionalistas mantienen a escala cutre. En cuanto a la izquierda, algunos llevamos treinta años preguntándonos qué pito toca en ese apoyo suicida al nacionalismo, que no fue de izquierdas nunca: situar ahí a Arzallus, Ibarretxe o Pujol es un desatino indecente. Como dijo Juan Marsé: «En la postguerra me putearon los padres y en la democracia sus hijos. Pero siempre me putearon los mismos».

Hay menos injusticia, afirmaba Montaigne, en que te roben en un bosque que en un lugar de asilo. Es más infame que te desvalijen quienes deben protegerte. Pensé en eso oyendo al presidente Zapatero referirse al Manifiesto de la Lengua Común, cuando expresó su esperanza de que la derecha «no se apropie del idioma español como hizo con la bandera». Todavía estoy dándole vueltas a si lo del presidente es candidez o cinismo. La derecha se apropió de la bandera española porque, desde la Transición, la izquierda se la regaló gratis, negándose a utilizarla hasta veintitantos años después: los mismos que ha tardado el Pesoe en pronunciar la palabra España. Y al final, entre unos y otros, han conseguido lo mismo que con la bandera. Lo que ya pasa en algunos colegios: que al niño que habla en español lo llamen facha.

Por eso me adherí al manifiesto. Confirma mi decisión el recular de los cobardes, el silencio de los corderos y el runrún de los tontos: los equidistantes que siempre acaban favoreciendo al verdugo. Me reafirma la furia de los caciques paletos y los escupitajos de mala fe de quienes tienen la osadía de llamar nostálgicos del franquismo, e incluso extrema derecha –lo han hecho consejerías de cultura autonómicas y miembros del Gobierno– a firmantes como Miguel Delibes, Carlos Castilla del Pino, José Manuel Sánchez Ron, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Margarita Salas, o yo mismo. Luego algunos se extrañan de que me cisque en su puta madre.