Es probable que a más de uno le suene el título de este "post". Es el de un libro - aunque el sustantivo le viene un poco grande - que se puso bastante de moda hace unos años y que habla de la adaptación al cambio. Se trata de dos ratones y dos liliputienses que viven en un laberinto. Se alimentan de queso. Durante años viven de un depósito que encuentran, hasta que se agota. Inmediatamente los ratones se ponen a buscar y encuentran otro. Los dos liliputienses (teóricamente mucho más listos), en cambio, pierden semanas quejándose de la situación, buscando culpables y reivindicando su derecho a tener queso donde siempre estuvo. El final es fácilmente deducible: uno de ellos comprende que tienen que buscar queso nuevo y acaba llegando a donde ya hacía tiempo que estaban los ratones. Saco el tema a colación pensando que en España alguien se ha llevado el queso pero tengo la impresión de que hemos optado por comportarnos como liliputienses: exigiendo que vuelva, no sabemos muy bien a quién.
Contrariamente a la opinión generalizada, creo que con la era internet es más fácil estar desinformados de lo que lo ha sido nunca, ya que bastante peor que la falta de datos es manejarlos incorrectos o deformados. Los periódicos digitales modifican en tiempo real las noticias, con frecuencia sin suficiente verificación y con modificaciones constantes, arrimando el ascua a su sardina. El internauta hace lo propio copiando y pegando según qué titulares en blogs, redes sociales y correo electrónico. Todo ello toma vida propia y es reproducido exponencialmente por la red, donde muchos - a lo sumo - leen el encabezado pero no la noticia. Los comentarios, los "me gusta" y los "+1" (habitualmente de gente de tu misma cuerda ideológica) realimentan el ciclo y al final acaba habiendo una enorme cantidad de "información" parcial, incompleta o directamente falsa pero que se acepta como cierta simplemente por la difusión alcanzada. Personalmente, la única solución -limitada - que conozco para esto es la tradicional: consultar varios medios de tendencias contrarias, nunca hacer caso de los titulares ni de los comentarios de los lectores y leer libros. Dicho de otra forma: ningún médico les va a recomendar autodiagnosticarse visitando páginas de internet si no quiere desarrollar hipocondria; yo afirmo que informarse por internet sin tener un filtro potente desemboca en otro tipo de hipocondria.
Largo todo este rollo porque la idea simple comúnmente aceptada es que un banco de inversión americano quebró y nos jodió la vida. Por tanto, por extensión, la culpa de todo la tiene Botín y lo que hay que hacer es indignarse con los bancos. Bueno, pues no. O mejor dicho: así, no. Ahí va un dato: la tasa de paro media en la UE es del 10,4%. España tiene el 23%, casi el doble que Portugal y superior a la de la arruinada Grecia. ¿Entonces, qué? ¿Lehman Brothers sólo nos fastidió a nosotros? En mi opinión, nuestro verdadero problema en el corto plazo ha sido la burbuja inmobiliaria. ¿Queremos indignarnos con los bancos? Hagámoslo por la parte que les toca: en buena medida, la burbuja la causó el crédito fácil. El "milagro económico" español se basó en una falacia: que el precio de la vivienda podía incrementarse indefinidamente, aunque hubiera cientos de miles desocupadas. Consecuentemente: los ayuntamientos contentos a base de recalificar terrenos, los promotores contentos con las plusvalías, el gobierno contento con los ingresos y el empleo generados, los bancos contentos con las hipotecas, muchos trabajadores de baja cualificación contentos con sueldos desaforados, los trincones contentos con los pelotazos y los ciudadanos "contentos" accediendo a una vivienda en propiedad a pagar cómodamente en cuarenta años con la mitad de sus ingresos mensuales. Y - no lo olvidemos - también hubo una cantidad no despreciable de ciudadanos de a pie con un dinero ahorrado en el momento adecuado que multiplicaron su patrimonio comprando y vendiendo pisos sin intención de habitarlos. A lo que voy es que la burbuja la hicimos más o menos entre todos, así que puestos a indignarnos hagámoslo debidamente.
Entonces llega la crisis mundial (básicamente crediticia) y el efecto dominó consiguiente. La resultante en España es que se nos pincha la burbuja, los bancos dejan de poder financiar y financiarse - entre otras cosas porque se encuentran con un inmovilizado en ladrillo cuyo precio se ha desplomado y sin mercado en el corto plazo, y que se ven obligados a provisionar en sus balances -, el sector de la construcción y todos los demás asociados a él se derrumban, más de dos millones de personas se ven abocadas al paro y al impago de sus deudas, el consumo se contrae, los ingresos del Estado se hunden y sus gastos se disparan. Pero el quid de la cuestión es que nuestra economía no era sostenible, y esto tenía que ocurrir antes o después.
Volviendo a los bancos, me resulta gracioso que la "indignación 2.0" esté empeñada con las grandes corporaciones y reclame una especie de banca controlada por el estado cuando precisamente las entidades que se han derrumbado por exceso de exposición al ladrillo son las cajas de ahorros, es decir, lo más parecido a una banca pública que hay (que había) en España. Estas son las que han tenido que pedir ayuda el FROB, las que están teniendo que hacer fusiones a marchas forzadas y las que están cerrando oficinas y despidiendo personal. Teniendo en cuenta que los altos cargos de estas entidades eran políticos, yo personalmente estaría más cabreado con ellos que con el Banco de Santander, el BBVA o Bankinter, que están capeando el temporal con bastante dignidad y sin pedirle dinero público a nadie. Dicho sea sin que yo sienta mayores simpatías por el mundo de la gran banca, a la que hay otras muchas cosas que reprocharle.
Continuará.
lunes, febrero 27, 2012
¿Quién se ha llevado mi queso? (I)
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jueves, septiembre 01, 2011
Laicismo y JMJ for dummies
Es curioso cómo algunas cosas afloran por oposición. En circunstancias normales, el JMJ y la visita del Papa habrían pasado por mi vida con una cierta distancia, la que dan los años, las lecturas y el escepticismo. Si yo tuviera que definirme a día de hoy diría que soy católico en tanto que bautizado, cristiano por convencimiento ético ante lo que Jesucristo propone y aproximadamente agnóstico a la manera unamuniana: un querer creer que quizás no es creencia completa. Hay cuestiones irresolubles que sólo pueden responderse de tres maneras: o bien Dios no existe, o bien no puede o no quiere meterse en la vida de los demás, o puede que lo haga de una forma en que me es imposible entenderlo. Y no hablo del mal que causan los seres humanos en mal uso de su libertad. Ninguna de las tres respuestas consuela. Sin embargo, uno se resiste - ¿por costumbre o por convencimiento? - a pensar que todo lo que nos rodea no sea más que el resultado de colisiones atómicas y la vida del hombre una novela que acaba necesariamente mal. Tertuliano lo dijo de una forma mucho más elegante: “credo quid absurdum est”.
La fe tiene dos vertientes: una comunitaria y otra íntima. Al fin y a la postre es la segunda la determinante. La JMJ se inscribe, principalmente, en la primera de ellas. Dice el Eclesiastés que hay un tiempo para todo. Hablando desde mi experiencia, este tipo de eventos más o menos multitudinarios se inscriben dentro de lo que yo llamaría la adolescencia del creyente. Se viaja, se conoce gente, se celebra y se canta “Kumbayá”. Hay momentos espiritualmente profundos y otros más o menos parecidos a los que puedas tener en un campamento de verano o en un festival de rock, un algo de euforia colectiva. Es una etapa más del crecimiento pero no la meta, si es que existe. Visto el envoltorio desde fuera o desde la distancia de los años, quizás resulte ñoño o infantil, pero no hace daño a nadie. En cierta manera es el cumplimiento de la recomendación de Jesús: “sed como niños”.
Por todo lo dicho, las imágenes que he visto en televisión o las noticias que he leído respecto a las manifestaciones mal llamadas laicas de mal llamados “indignados” contra la mal llamada “visita del Papa” me soliviantan doblemente. Literalmente: gente con poca pinta de pagar impuestos de ningún tipo exigiendo mochilas que no han sufragado, arrojando condones a adolescentes arrodilladas, llamando lesbianas a las monjas, gritando que la Virgen follaba, señalando a los peregrinos con el dedo al grito de que sus curas se tiran a los niños - “arderéis como en el 36” -, parejas de gays besándose enrabietados como pretendiendo insultar en nombre del “verdadero amor”. De un lado, caras que si algo no reflejaban era amor, ni tolerancia, ni defensa de nada valioso salvo de su propia estulticia ignorante y agresiva; del otro, adolescentes atónitos y algún adulto indignado de verdad.
Empezando por el principio, los famosos cincuenta millones de dinero público que presuntamente costaba la “visita del Papa” nunca existieron. La mitad se pagó con las cuotas de los asistentes, la otra mitad entre patrocinios y donaciones. Como es tontería dejar que la realidad te estropee una noticia, la fase dos fue cogérsela con papel de fumar: es que la seguridad, la sanidad y la limpieza en un evento multitudinario cuestan dinero; es que les han rebajado los abonos transporte; es que están usando instalaciones públicas; es que los patrocinios tienen exenciones fiscales (coño, acabamos de descubrir en qué consiste el patrocinio); es que está Madrid llena de pasos de Semana Santa y la gente tiene que ir a trabajar. Acepto el órdago: suspendamos la Feria, el Rocío, los Sanfermines, las Fallas, la Diada y las celebraciones del Madrid en Cibeles. Fuera Olimpiadas. Que no se repita la Expo 92. Que U2 no vuelva de gira por España. Fin de las concentraciones de indignados en la vía pública. Que se acaben las manifestaciones y las huelgas generales. Terminemos con los partidos de liga de alto riesgo. Fuera la fiesta de la primavera y el día del Orgullo Gay. Que los polis, los médicos y los barrenderos están para otras cosas. Que yo soy del Barcelona, que yo no soy gay, que yo no bailo sevillanas, que no me gustan la celebraciones patrióticas, que la calle se llena de borrachos, que a mí me gusta la ópera, que quemar ninots es antiecológico y la madera donde mejor está es en el bosque. "Que no, que no, que no con mis impuestos". ¿No? ¿O qué?
Aprovechando que el Pisuerga no pasa por Móstoles, llegó la fase tres: con la de niños que se mueren en África y la de tesoros que hay en el Vaticano. Pues miren ustedes: los verdaderos tesoros de la Iglesia no están en el museo vaticano. Están ya en África, y en Sudamérica, y en muchos sitios donde los robamochilas no irían ni de turismo solidario. Muchos de los asistentes al JMJ venían de allí. Están en las parroquias, en grupos misioneros, en ONG's, en Caritas, en Manos Unidas. Sólo en España los dos últimos manejan 250 millones anuales que en su inmensa mayor parte proceden de donantes particulares (lo que equivale a cinco JMJs, haciendo las cuentas de la vieja). Y ya que estamos, yo he tenido la oportunidad de visitar el dichoso museo, incluida una parte que no se muestra al público, y básicamente lo que hay allí es una amalgama variopinta, desde el martillo de plata con el que se golpea por tres veces al Papa cuando muere a objetos litúrgicos donados por reyes y jerifaltes varios. ¿Podrían venderse los chismes, subastarse La Piedad de Miguel Ángel en Sotheby's, desmontarse la basílica de san Pedro y venderla por trozos? Supongo que sí. ¿Podrían venderse los cuadros del museo del Prado y cambiarlos por comida para África (que llegue ya es un poco más complicado)? Supongo que también. Last but not least: todos estos tan súbitamente preocupados por el cuerno de África, ¿qué hacen concretamente al respecto? Porque digo yo que para arrojar tantas piedras lo moralmente correcto es estar libre de pecado. Por cierto, el que quiera redimirse un poco, lo tiene fácil:
http://www.caritas.es/qhacemos_emergencias_info.aspx?Id=2009
Como bien se han encargado todos los medios de recordarnos – especialmente los de izquierda – España es un país laico. Muy cierto y muy acertado. Casualmente, los países que no lo son tienen regímenes de otras religiones distintas a la católica, pequeño detalle a no olvidar. Por tanto, dado que Iglesia y Estado están separados, gracias a Dios y la Ilustración y a no pocos disgustos, lo que la Iglesia haga sólo le compete a los católicos siempre que no incumpla las leyes, y esto incluye el derecho de opinión, y por supuesto la contrapartida de aceptar las críticas en cuanto institución pública. Las críticas, que no las blasfemias ni las injurias.
Yo soy laico por partida doble, puesto que siendo cristiano no pertenezco a ninguna orden clerical. Y como otros millones de cristianos laicos soy consciente de que la Iglesia tiene cosas que mejorar y cuestiones en las que evolucionar; es más, de algunas de ellas depende su pujanza y su supervivencia en el largo plazo. No veo problema alguno en que los curas se casen y que las monjas consagren. Vivo con normalidad que mis amigos gays lleven una vida de pareja y se casen si lo desean. Entiendo que un buen divorcio es mejor que un matrimonio desgraciado. Me parece que no hay diferencia moral entre los anticonceptivos naturales y los que no lo son, aunque los primeros fallan mucho más. Creo que la liturgia y el lenguaje clerical hay que renovarlos de forma que realmente cumplan su propósito, sobran ornamentos y voces aflautadas y faltan palabras sencillas que lleguen directas al corazón. Es más: estaría más tranquilo si la Iglesia española se autofinanciara, sin más relación con las arcas públicas que la cesión del 0'7 del IRPF dado que también puede asignarse a ONG's. Iglesia y Estado, cuanto más lejos, mejor.
Pienso otras muchas cosas, porque soy laico y me puedo permitir expresarlo libremente ya que mi opinión sólo me obliga a mí mismo, pero precisamente porque algo conozco del tema sé que la Iglesia como institución tiene sus propios tiempos, que no son los que marcan las leyes de un país concreto ni la prensa ni los foros de internet ni los informativos de la Sexta ni los cuatro exaltados que no representan a nadie aunque se crean que sí. Precisamente lo peor que podría hacer una institución bimilenaria como esta es tratar de seguir las modas. Las leyes van y vienen y se cambian y no pasa nada, pero el Papa no es ZP y hay muchos cientos de millones de católicos en el mundo de toda laya, color e ideología. A Dios gracias, es una responsabilidad que yo no tengo ni querría tener, por la inmensa cantidad de implicaciones morales, teológicas y pragmáticas que los cambios doctrinales tienen, hasta el extremo de que algunas de estas cuestiones que muchos cristianos laicos aceptan con normalidad dudo que puedan ser nunca bendecidas por la Iglesia jerárquica. Ni yo mismo - que las apruebo - sabría cómo encajarlas. Haciendo un paralelismo chusco, un madridista puede entender algunas cosas que hace Mourinho aunque él personalmente no las comparta ni vaya a dejar de ir al Bernabeu por ello. Y cerrando la comparación, a nadie le obligan a ser del Madrid.
El pasado sábado me obligué a ver La Noria porque dedicaba su parte “seria” al JMJ y a los choques entre policías y “laicos”. Hasta me tragué el “debate”, escuché a Maria Antonia Iglesias y Pilar Rahola sacar la palabra fascismo a pasear en el minuto uno (“ese Cristo llevado por legionarios, por Dioooos, si la Legión la fundó Millán Astrayyyyy”) y lo habitual de este circo, pero el reportaje no estuvo mal, salvando quizás el pequeño detalle de que cada vez que salía el Papa ponían la música de “The wall” muy sibilinamente. No me gustó ver a la policía pegando porrazos a diestro y siniestro, en muchos casos a gente que simplemente pasaba por allí. Tampoco estuvo bien que alguno de los pacíficos “laicos” empezara tirando botellazos. Pero lo que más gracia me hizo es que a todos los tertulianos, mientras se chillaban y se quitaban la palabra unos a otros, se les llenaba la boca de decir que por suerte España es un país abierto y tolerante, y que el pasado (ese que continuamente se trae a colación en este tipo de pseudodebates) ya está superado. Yo no estaría tan seguro.
La fe tiene dos vertientes: una comunitaria y otra íntima. Al fin y a la postre es la segunda la determinante. La JMJ se inscribe, principalmente, en la primera de ellas. Dice el Eclesiastés que hay un tiempo para todo. Hablando desde mi experiencia, este tipo de eventos más o menos multitudinarios se inscriben dentro de lo que yo llamaría la adolescencia del creyente. Se viaja, se conoce gente, se celebra y se canta “Kumbayá”. Hay momentos espiritualmente profundos y otros más o menos parecidos a los que puedas tener en un campamento de verano o en un festival de rock, un algo de euforia colectiva. Es una etapa más del crecimiento pero no la meta, si es que existe. Visto el envoltorio desde fuera o desde la distancia de los años, quizás resulte ñoño o infantil, pero no hace daño a nadie. En cierta manera es el cumplimiento de la recomendación de Jesús: “sed como niños”.
Por todo lo dicho, las imágenes que he visto en televisión o las noticias que he leído respecto a las manifestaciones mal llamadas laicas de mal llamados “indignados” contra la mal llamada “visita del Papa” me soliviantan doblemente. Literalmente: gente con poca pinta de pagar impuestos de ningún tipo exigiendo mochilas que no han sufragado, arrojando condones a adolescentes arrodilladas, llamando lesbianas a las monjas, gritando que la Virgen follaba, señalando a los peregrinos con el dedo al grito de que sus curas se tiran a los niños - “arderéis como en el 36” -, parejas de gays besándose enrabietados como pretendiendo insultar en nombre del “verdadero amor”. De un lado, caras que si algo no reflejaban era amor, ni tolerancia, ni defensa de nada valioso salvo de su propia estulticia ignorante y agresiva; del otro, adolescentes atónitos y algún adulto indignado de verdad.
Empezando por el principio, los famosos cincuenta millones de dinero público que presuntamente costaba la “visita del Papa” nunca existieron. La mitad se pagó con las cuotas de los asistentes, la otra mitad entre patrocinios y donaciones. Como es tontería dejar que la realidad te estropee una noticia, la fase dos fue cogérsela con papel de fumar: es que la seguridad, la sanidad y la limpieza en un evento multitudinario cuestan dinero; es que les han rebajado los abonos transporte; es que están usando instalaciones públicas; es que los patrocinios tienen exenciones fiscales (coño, acabamos de descubrir en qué consiste el patrocinio); es que está Madrid llena de pasos de Semana Santa y la gente tiene que ir a trabajar. Acepto el órdago: suspendamos la Feria, el Rocío, los Sanfermines, las Fallas, la Diada y las celebraciones del Madrid en Cibeles. Fuera Olimpiadas. Que no se repita la Expo 92. Que U2 no vuelva de gira por España. Fin de las concentraciones de indignados en la vía pública. Que se acaben las manifestaciones y las huelgas generales. Terminemos con los partidos de liga de alto riesgo. Fuera la fiesta de la primavera y el día del Orgullo Gay. Que los polis, los médicos y los barrenderos están para otras cosas. Que yo soy del Barcelona, que yo no soy gay, que yo no bailo sevillanas, que no me gustan la celebraciones patrióticas, que la calle se llena de borrachos, que a mí me gusta la ópera, que quemar ninots es antiecológico y la madera donde mejor está es en el bosque. "Que no, que no, que no con mis impuestos". ¿No? ¿O qué?
Aprovechando que el Pisuerga no pasa por Móstoles, llegó la fase tres: con la de niños que se mueren en África y la de tesoros que hay en el Vaticano. Pues miren ustedes: los verdaderos tesoros de la Iglesia no están en el museo vaticano. Están ya en África, y en Sudamérica, y en muchos sitios donde los robamochilas no irían ni de turismo solidario. Muchos de los asistentes al JMJ venían de allí. Están en las parroquias, en grupos misioneros, en ONG's, en Caritas, en Manos Unidas. Sólo en España los dos últimos manejan 250 millones anuales que en su inmensa mayor parte proceden de donantes particulares (lo que equivale a cinco JMJs, haciendo las cuentas de la vieja). Y ya que estamos, yo he tenido la oportunidad de visitar el dichoso museo, incluida una parte que no se muestra al público, y básicamente lo que hay allí es una amalgama variopinta, desde el martillo de plata con el que se golpea por tres veces al Papa cuando muere a objetos litúrgicos donados por reyes y jerifaltes varios. ¿Podrían venderse los chismes, subastarse La Piedad de Miguel Ángel en Sotheby's, desmontarse la basílica de san Pedro y venderla por trozos? Supongo que sí. ¿Podrían venderse los cuadros del museo del Prado y cambiarlos por comida para África (que llegue ya es un poco más complicado)? Supongo que también. Last but not least: todos estos tan súbitamente preocupados por el cuerno de África, ¿qué hacen concretamente al respecto? Porque digo yo que para arrojar tantas piedras lo moralmente correcto es estar libre de pecado. Por cierto, el que quiera redimirse un poco, lo tiene fácil:
http://www.caritas.es/qhacemos_emergencias_info.aspx?Id=2009
Como bien se han encargado todos los medios de recordarnos – especialmente los de izquierda – España es un país laico. Muy cierto y muy acertado. Casualmente, los países que no lo son tienen regímenes de otras religiones distintas a la católica, pequeño detalle a no olvidar. Por tanto, dado que Iglesia y Estado están separados, gracias a Dios y la Ilustración y a no pocos disgustos, lo que la Iglesia haga sólo le compete a los católicos siempre que no incumpla las leyes, y esto incluye el derecho de opinión, y por supuesto la contrapartida de aceptar las críticas en cuanto institución pública. Las críticas, que no las blasfemias ni las injurias.
Yo soy laico por partida doble, puesto que siendo cristiano no pertenezco a ninguna orden clerical. Y como otros millones de cristianos laicos soy consciente de que la Iglesia tiene cosas que mejorar y cuestiones en las que evolucionar; es más, de algunas de ellas depende su pujanza y su supervivencia en el largo plazo. No veo problema alguno en que los curas se casen y que las monjas consagren. Vivo con normalidad que mis amigos gays lleven una vida de pareja y se casen si lo desean. Entiendo que un buen divorcio es mejor que un matrimonio desgraciado. Me parece que no hay diferencia moral entre los anticonceptivos naturales y los que no lo son, aunque los primeros fallan mucho más. Creo que la liturgia y el lenguaje clerical hay que renovarlos de forma que realmente cumplan su propósito, sobran ornamentos y voces aflautadas y faltan palabras sencillas que lleguen directas al corazón. Es más: estaría más tranquilo si la Iglesia española se autofinanciara, sin más relación con las arcas públicas que la cesión del 0'7 del IRPF dado que también puede asignarse a ONG's. Iglesia y Estado, cuanto más lejos, mejor.
Pienso otras muchas cosas, porque soy laico y me puedo permitir expresarlo libremente ya que mi opinión sólo me obliga a mí mismo, pero precisamente porque algo conozco del tema sé que la Iglesia como institución tiene sus propios tiempos, que no son los que marcan las leyes de un país concreto ni la prensa ni los foros de internet ni los informativos de la Sexta ni los cuatro exaltados que no representan a nadie aunque se crean que sí. Precisamente lo peor que podría hacer una institución bimilenaria como esta es tratar de seguir las modas. Las leyes van y vienen y se cambian y no pasa nada, pero el Papa no es ZP y hay muchos cientos de millones de católicos en el mundo de toda laya, color e ideología. A Dios gracias, es una responsabilidad que yo no tengo ni querría tener, por la inmensa cantidad de implicaciones morales, teológicas y pragmáticas que los cambios doctrinales tienen, hasta el extremo de que algunas de estas cuestiones que muchos cristianos laicos aceptan con normalidad dudo que puedan ser nunca bendecidas por la Iglesia jerárquica. Ni yo mismo - que las apruebo - sabría cómo encajarlas. Haciendo un paralelismo chusco, un madridista puede entender algunas cosas que hace Mourinho aunque él personalmente no las comparta ni vaya a dejar de ir al Bernabeu por ello. Y cerrando la comparación, a nadie le obligan a ser del Madrid.
El pasado sábado me obligué a ver La Noria porque dedicaba su parte “seria” al JMJ y a los choques entre policías y “laicos”. Hasta me tragué el “debate”, escuché a Maria Antonia Iglesias y Pilar Rahola sacar la palabra fascismo a pasear en el minuto uno (“ese Cristo llevado por legionarios, por Dioooos, si la Legión la fundó Millán Astrayyyyy”) y lo habitual de este circo, pero el reportaje no estuvo mal, salvando quizás el pequeño detalle de que cada vez que salía el Papa ponían la música de “The wall” muy sibilinamente. No me gustó ver a la policía pegando porrazos a diestro y siniestro, en muchos casos a gente que simplemente pasaba por allí. Tampoco estuvo bien que alguno de los pacíficos “laicos” empezara tirando botellazos. Pero lo que más gracia me hizo es que a todos los tertulianos, mientras se chillaban y se quitaban la palabra unos a otros, se les llenaba la boca de decir que por suerte España es un país abierto y tolerante, y que el pasado (ese que continuamente se trae a colación en este tipo de pseudodebates) ya está superado. Yo no estaría tan seguro.
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domingo, abril 10, 2011
España today
Rajoy, indignado con la dimisión de ZP.
"La única idea concreta que teníamos para salir de la crisis y van y nos la copian. No hay derecho". La dirección del partido solicita el apoyo de la SGAE en una hipotética denuncia por plagio y busca con urgencia asesores que entiendan de economía.
Apocalipsis atómico en Garoña
Un terremoto de grado cinco con epicentro en Barcina del Barco provoca el pánico nuclear en la central, tras derrumbarse la casetilla del perro. Ecologistas en Acción exige que se desmonten todas las centrales nucleares y que se averigüe el paradero del chucho. Agotadas las existencias de contadores Geiger en toda Europa. Nunca Mais exige saber dónde está Fraga para saber si tiene que manifestarse ya o espera un poco. En un acto se solidaridad sin precedentes, durante un minuto ningún internauta le ha echado la culpa a nadie. Se crea el grupo de Facebook "Todos somos Toby", que cuenta ya con 245.000 afiliados. La web de El Mundo se ha colapsado al utilizar un tamaño de fuente excesivamente grande para el titular ("Moriremos todos"), sólo visible en monitores panorámicos de 42 pulgadas.
El Foro por la Memoria de la Comunidad de Madrid suaviza su petición de voladura de la cruz del Valle de los Caídos
"Hemos pensado que nuestra propuesta es mejorable para que todos los demócratas estemos de acuerdo en esto: volar la cruz pero dejando salir antes a los monjes de la abadía", ha explicado un portavoz. "En último extremo, nos conformaríamos con que se pintara un graffiti en el brazo vertical que ponga FACHA EL QUE LO LEA".
Artur Mas se hace españolista tras leer a Ortega y Gasset
"Yo es que esto no lo sabía", ha declarado entre lágrimas.
Le dan el premio al mejor expediente académico a un muñeco
Gran escándalo en la entrega a los mejores expedientes académicos de ES0 2011 al descubrirse que el presunto alumno era un muñeco de polispan. Preguntado el director de su instituto comentó que no habían notado nada anormal, salvo su exquisito comportamiento y su regularidad en la asistencia a clase. "De hecho, consultamos a varios psicopedagogos y nos dijeron unánimente que los contenidos actitudinales son tanto o más importantes que los transversales si se ponen en diagonal". El dueño del muñeco ha resultado ser un doctorando de la Universidad de Yale que está escribiendo una tesis titulada "¿Y por qué no con una cabra?".
El cambio climático provocará la extinción total de la vida en la Península Ibérica
Un estudio del CSIC revela que con una probabilidad del 90% los animales y personas vivos en 2011 dejarán de estarlo en el 2300. También predice que para entonces el nivel del agua en los embalses españoles habrá subido entre 5 cm. y 40 metros. La Ministra de Medio Ambiente ha tomado buena nota y predice que podrían ahorrarse el 20% de las emisiones de CO2 si se prohíbe la circulación de coches oficiales por el centro de las grandes ciudades entre semana.
Todos los tertulianos españoles son trillizos
Se ha averiguado por fin el misterio de los periodistas que ejercen de tertulianos en radio y TV: todos ellos pertenecen a familias de trillizos que se suplantan entre sí. "¿Pero alguien se piensa que la misma persona puede opinar con propiedad haciendo un programa por la mañana y otra por la noche y además escribir en varios periódicos?", ha declarado Mamen Gurruchaga II. "Pues el día que os enteréis de cuántas hermanas son Belén Esteban os vais a cagar".
Introducen por error una noticia deportiva en la portada del Marca
El redactor jefe del diario Marca ha sido expedientado tras introducir en primera plana un titular con valor informativo. "No sé en qué estaba pensando", ha comentado entre lágrimas. El responsable de la sección deportiva en el programa "Noticias" de Antena 3 ha sido tajante: "si fuera empleado mío, lo despediría fulminantemente".
"La única idea concreta que teníamos para salir de la crisis y van y nos la copian. No hay derecho". La dirección del partido solicita el apoyo de la SGAE en una hipotética denuncia por plagio y busca con urgencia asesores que entiendan de economía.
Apocalipsis atómico en Garoña
Un terremoto de grado cinco con epicentro en Barcina del Barco provoca el pánico nuclear en la central, tras derrumbarse la casetilla del perro. Ecologistas en Acción exige que se desmonten todas las centrales nucleares y que se averigüe el paradero del chucho. Agotadas las existencias de contadores Geiger en toda Europa. Nunca Mais exige saber dónde está Fraga para saber si tiene que manifestarse ya o espera un poco. En un acto se solidaridad sin precedentes, durante un minuto ningún internauta le ha echado la culpa a nadie. Se crea el grupo de Facebook "Todos somos Toby", que cuenta ya con 245.000 afiliados. La web de El Mundo se ha colapsado al utilizar un tamaño de fuente excesivamente grande para el titular ("Moriremos todos"), sólo visible en monitores panorámicos de 42 pulgadas.
El Foro por la Memoria de la Comunidad de Madrid suaviza su petición de voladura de la cruz del Valle de los Caídos
"Hemos pensado que nuestra propuesta es mejorable para que todos los demócratas estemos de acuerdo en esto: volar la cruz pero dejando salir antes a los monjes de la abadía", ha explicado un portavoz. "En último extremo, nos conformaríamos con que se pintara un graffiti en el brazo vertical que ponga FACHA EL QUE LO LEA".
Artur Mas se hace españolista tras leer a Ortega y Gasset
"Yo es que esto no lo sabía", ha declarado entre lágrimas.
Le dan el premio al mejor expediente académico a un muñeco
Gran escándalo en la entrega a los mejores expedientes académicos de ES0 2011 al descubrirse que el presunto alumno era un muñeco de polispan. Preguntado el director de su instituto comentó que no habían notado nada anormal, salvo su exquisito comportamiento y su regularidad en la asistencia a clase. "De hecho, consultamos a varios psicopedagogos y nos dijeron unánimente que los contenidos actitudinales son tanto o más importantes que los transversales si se ponen en diagonal". El dueño del muñeco ha resultado ser un doctorando de la Universidad de Yale que está escribiendo una tesis titulada "¿Y por qué no con una cabra?".
El cambio climático provocará la extinción total de la vida en la Península Ibérica
Un estudio del CSIC revela que con una probabilidad del 90% los animales y personas vivos en 2011 dejarán de estarlo en el 2300. También predice que para entonces el nivel del agua en los embalses españoles habrá subido entre 5 cm. y 40 metros. La Ministra de Medio Ambiente ha tomado buena nota y predice que podrían ahorrarse el 20% de las emisiones de CO2 si se prohíbe la circulación de coches oficiales por el centro de las grandes ciudades entre semana.
Todos los tertulianos españoles son trillizos
Se ha averiguado por fin el misterio de los periodistas que ejercen de tertulianos en radio y TV: todos ellos pertenecen a familias de trillizos que se suplantan entre sí. "¿Pero alguien se piensa que la misma persona puede opinar con propiedad haciendo un programa por la mañana y otra por la noche y además escribir en varios periódicos?", ha declarado Mamen Gurruchaga II. "Pues el día que os enteréis de cuántas hermanas son Belén Esteban os vais a cagar".
Introducen por error una noticia deportiva en la portada del Marca
El redactor jefe del diario Marca ha sido expedientado tras introducir en primera plana un titular con valor informativo. "No sé en qué estaba pensando", ha comentado entre lágrimas. El responsable de la sección deportiva en el programa "Noticias" de Antena 3 ha sido tajante: "si fuera empleado mío, lo despediría fulminantemente".
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lunes, enero 24, 2011
Entrevistas de mentira
La entrevista es un género periodístico basado en dos premisas: que el entrevistado tenga algo interesante que decir y que el entrevistador se lo pregunte o, al menos, que le deje hablar. Curiosamente, estas sencillas reglas no son tan habituales como pudiera esperarse. De hecho, en nuestro periodismo - especialmente el televisivo - suelen ser raras de encontrar.
Por ejemplo, en la prensa deportiva habitualmente no se cumplen ninguna de las dos. A mí me maravilla que alguien vaya a una rueda de prensa de Mourinho, por ejemplo, y no sólo eso, sino que después haya presuntos profesionales capaz de escribir artículos de opinión o discutir encarnizadamente en tertulias de tres al cuarto sobre si ha dicho lo que ha dicho o si piensa lo que no dice o debería rectificar. Más aún me maravilla que haya gente que encuentre el más mínimo interés en ello. Podríamos hablar también de las declaraciones de los futbolistas no ya después de los partidos, sino antes, o incluso después de los entrenamientos rutinarios. "Fútbol es fútbol", "vamos a darlo todo", "confiamos en el mister". Ah ... Toc, toc, ¿hay alguna neurona ahí dentro? Que se ponga.
Cambiando de tercio, hablemos de la televisión, plagada de falsas entrevistas hechas por falsos entrevistadores. Por ejemplo, las típicas construidas sobre un guión que pretende ser gracioso a costa del presunto entrevistado. El caso más claro que se me ocurre es "El hormiguero", pero no es el único. El problema es que ni siquiera tiene gracia, con lo cual uno se pregunta si merece la pena llevar a Will Smith para que el enano siniestro de Pablo Motos haga cuatro chistes malos disfrazados de preguntas. Tampoco quiero cargar las tintas en este programa en concreto. Hay más. Lo más lamentable del caso es que con frecuencia el invitado sí es interesante y sí tendría cosas que contar si le dejaran. Pero ya se encarga el in-comunicador de asegurarse de que eso no ocurra.
Luego hay casos más flagrantes perpetrados por profesionales "serios". En estos casos, sí se trata de programas de entrevistas y no de humor (o lo que sea). Y entonces llegamos al presentador estrella que se ve en la obligación de ser profundo, poético y cercano, todo a la vez, lo cual suele terminar en el tedio y el empalago más absoluto. Caso patológico de libro: Juan Ramón Lucas, arquetipo de cómo realizar entrevistas que pueden contestarse con monosílabos o simplemente guardando un respetuoso silencio avergonzado.
El paradigma, por ejemplo, sería una entrevista de este señor (o de Joaquín Petit e incluso si me apuran del peor Jesús Quintero) a Falete. Pasadas las presentaciones, lloverán preguntas como "Falete, ¿la vida duele?" o "¿el amor es quimera que debe ser cantada?" o "¿qué es el duende ...? ¿quizás la pena escondida de lo inexpresado que vibra en la garganta de la madre tierra?". Entonces Falete pone los ojos en blanco y dice una letra de Concha Piquer. Pero vamos a ver, carnes mías: ¿por qué cojones va a saber Falete esas cosas? ¿Porque es homosexual y canta copla? ¿Hay que preguntarle ese tipo de sandeces a las folclóricas y los toreros? ¿No sería mejor saber su opinión sobre cuál es su cantante favorito, qué música escucha, cuál fue la última vez que hizo un gallo en un concierto, qué opina de la piratería? ¿Qué le hemos hecho a usted para merecer esto?
El mejor programa de entrevistas que conozco lo tiene Canal Plus. Se llama "Epílogo". Las preguntas las realiza Begoña Aranguren - una voz en off - a una persona que sabe que sólo se emitirá cuando haya muerto. Las cintas se custodian bajo notario. No tiene desperdicio. Quizás porque no hay nada como estar muerto para ser sincero y despojarse de los convencionalismos y para que las preguntas tengan verdadero sentido. Si lo encuentran, no se lo pierdan.
Ay, Señor, llévame pronto ...
Por ejemplo, en la prensa deportiva habitualmente no se cumplen ninguna de las dos. A mí me maravilla que alguien vaya a una rueda de prensa de Mourinho, por ejemplo, y no sólo eso, sino que después haya presuntos profesionales capaz de escribir artículos de opinión o discutir encarnizadamente en tertulias de tres al cuarto sobre si ha dicho lo que ha dicho o si piensa lo que no dice o debería rectificar. Más aún me maravilla que haya gente que encuentre el más mínimo interés en ello. Podríamos hablar también de las declaraciones de los futbolistas no ya después de los partidos, sino antes, o incluso después de los entrenamientos rutinarios. "Fútbol es fútbol", "vamos a darlo todo", "confiamos en el mister". Ah ... Toc, toc, ¿hay alguna neurona ahí dentro? Que se ponga.
Cambiando de tercio, hablemos de la televisión, plagada de falsas entrevistas hechas por falsos entrevistadores. Por ejemplo, las típicas construidas sobre un guión que pretende ser gracioso a costa del presunto entrevistado. El caso más claro que se me ocurre es "El hormiguero", pero no es el único. El problema es que ni siquiera tiene gracia, con lo cual uno se pregunta si merece la pena llevar a Will Smith para que el enano siniestro de Pablo Motos haga cuatro chistes malos disfrazados de preguntas. Tampoco quiero cargar las tintas en este programa en concreto. Hay más. Lo más lamentable del caso es que con frecuencia el invitado sí es interesante y sí tendría cosas que contar si le dejaran. Pero ya se encarga el in-comunicador de asegurarse de que eso no ocurra.
Luego hay casos más flagrantes perpetrados por profesionales "serios". En estos casos, sí se trata de programas de entrevistas y no de humor (o lo que sea). Y entonces llegamos al presentador estrella que se ve en la obligación de ser profundo, poético y cercano, todo a la vez, lo cual suele terminar en el tedio y el empalago más absoluto. Caso patológico de libro: Juan Ramón Lucas, arquetipo de cómo realizar entrevistas que pueden contestarse con monosílabos o simplemente guardando un respetuoso silencio avergonzado.
El paradigma, por ejemplo, sería una entrevista de este señor (o de Joaquín Petit e incluso si me apuran del peor Jesús Quintero) a Falete. Pasadas las presentaciones, lloverán preguntas como "Falete, ¿la vida duele?" o "¿el amor es quimera que debe ser cantada?" o "¿qué es el duende ...? ¿quizás la pena escondida de lo inexpresado que vibra en la garganta de la madre tierra?". Entonces Falete pone los ojos en blanco y dice una letra de Concha Piquer. Pero vamos a ver, carnes mías: ¿por qué cojones va a saber Falete esas cosas? ¿Porque es homosexual y canta copla? ¿Hay que preguntarle ese tipo de sandeces a las folclóricas y los toreros? ¿No sería mejor saber su opinión sobre cuál es su cantante favorito, qué música escucha, cuál fue la última vez que hizo un gallo en un concierto, qué opina de la piratería? ¿Qué le hemos hecho a usted para merecer esto?
El mejor programa de entrevistas que conozco lo tiene Canal Plus. Se llama "Epílogo". Las preguntas las realiza Begoña Aranguren - una voz en off - a una persona que sabe que sólo se emitirá cuando haya muerto. Las cintas se custodian bajo notario. No tiene desperdicio. Quizás porque no hay nada como estar muerto para ser sincero y despojarse de los convencionalismos y para que las preguntas tengan verdadero sentido. Si lo encuentran, no se lo pierdan.
Ay, Señor, llévame pronto ...
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domingo, enero 02, 2011
Los reyes aún son los padres
Si tuviera que buscar una comparación adecuada a Facebook diría que es terriblemente parecido al recreo de un colegio, donde más que reproducir la "vida real" se muestra al niño que llevamos dentro. Tenemos todos los posibles especímenes: los juguetones que construyen granjas y los traviesos que querrían quemarlas con napalm; los empollones que hablan de temas que sólo interesan a otros cuantos empollones; los que intercambian fotos, cromos y frases de canciones; los que presumen de sus vacaciones y los que presumen de no moverse nunca del colegio; los tímidos (o los vagos) que miran pero no hablan; los que van a su bola y sólo interactúan con ellos mismos; los protestones, los lloricas, los eufóricos, los que no muestran sus sentimientos; los populares, los minoritarios, los raritos, los crípticos; los nuevos y los que se marchan al acabar el curso ... Es más, según las circunstancias uno puede pertenecer a varias categorías diferentes y cambiantes. La pequeña diferencia con el patio de nuestro verdadero colegio es que en este caso hemos elegido libremente matricularnos. Por algún motivo, queremos seguir siendo niños o a lo mejor nunca dejamos de serlo.
Esto me hace pensar en nosotros como generación, y cuando digo "nosotros" me refiero, más que a los de una edad concreta, a los que nos educamos de una determinada manera. Es fácil detectarnos porque con frecuencia hablamos de ello con cierto orgullo indisimulado en internet: los que estudiamos la EGB, lloramos con Marco o con el Bosque de Tallac, salíamos a la calle después de comer y volvíamos para cenar, jugábamos con los clicks y con las Nancys, nos llevábamos bronca doble cuando nuestros profesores nos castigaban (sin que aquello nos generara un trauma irremediable), nos íbamos a la cama cuando salían los rombos en la película, lloramos con lo de Fofó y Félix Rodríguez de la Fuente, teníamos libros bastante gordos en el colegio y nos acordamos de cuando nos pusieron nuestro primer teléfono ... fijo. Los que - por no alargarme - tuvimos la infancia que desearíamos para nuestros hijos.
Supongo que después de todo tuvimos suerte y estábamos en el sitio justo en el momento adecuado, el lugar en que el péndulo estaba en el centro que media entre dos tiempos históricos contrapuestos, donde los derechos estaban bien compensados por las obligaciones, donde no faltó de nada pero sobró lo justo. Y eso, aparte del azar histórico, se lo debemos básicamente a la generación de nuestros padres y profesores, la que hizo la Transición, la que primero fue devota de nuestros abuelos y después de sus hijos (y ahora de sus nietos), la que supo darnos nada más y nada menos que una buena educación y el impagable regalo de una infancia feliz. Ellos siguen siendo los verdaderos reyes, y para eso no hay jubilación (salvo la única irremediable). Nunca podremos estarles lo suficientemente agradecidos.
Puede, quizás, que simplemente el hombre no tenga más patria que su infancia y aquella fuera la nuestra. Y eso es lo que pienso cuando actualizo mi estado en Facebook o comento con más o menos acierto la última foto de ese colega que hace años que no veo en persona: que no hemos perdido las ganas de jugar, que puede que colectivamente nos hayamos negado - sin quererlo o sin saberlo - a crecer del todo. Quizás ya hemos despejado la incógnita y la Generación X en el fondo era la de Peter Pan.
Feliz 2011 y que los otros Reyes traigan a cada uno lo que verdaderamente les ha pedido.
Esto me hace pensar en nosotros como generación, y cuando digo "nosotros" me refiero, más que a los de una edad concreta, a los que nos educamos de una determinada manera. Es fácil detectarnos porque con frecuencia hablamos de ello con cierto orgullo indisimulado en internet: los que estudiamos la EGB, lloramos con Marco o con el Bosque de Tallac, salíamos a la calle después de comer y volvíamos para cenar, jugábamos con los clicks y con las Nancys, nos llevábamos bronca doble cuando nuestros profesores nos castigaban (sin que aquello nos generara un trauma irremediable), nos íbamos a la cama cuando salían los rombos en la película, lloramos con lo de Fofó y Félix Rodríguez de la Fuente, teníamos libros bastante gordos en el colegio y nos acordamos de cuando nos pusieron nuestro primer teléfono ... fijo. Los que - por no alargarme - tuvimos la infancia que desearíamos para nuestros hijos.
Supongo que después de todo tuvimos suerte y estábamos en el sitio justo en el momento adecuado, el lugar en que el péndulo estaba en el centro que media entre dos tiempos históricos contrapuestos, donde los derechos estaban bien compensados por las obligaciones, donde no faltó de nada pero sobró lo justo. Y eso, aparte del azar histórico, se lo debemos básicamente a la generación de nuestros padres y profesores, la que hizo la Transición, la que primero fue devota de nuestros abuelos y después de sus hijos (y ahora de sus nietos), la que supo darnos nada más y nada menos que una buena educación y el impagable regalo de una infancia feliz. Ellos siguen siendo los verdaderos reyes, y para eso no hay jubilación (salvo la única irremediable). Nunca podremos estarles lo suficientemente agradecidos.
Puede, quizás, que simplemente el hombre no tenga más patria que su infancia y aquella fuera la nuestra. Y eso es lo que pienso cuando actualizo mi estado en Facebook o comento con más o menos acierto la última foto de ese colega que hace años que no veo en persona: que no hemos perdido las ganas de jugar, que puede que colectivamente nos hayamos negado - sin quererlo o sin saberlo - a crecer del todo. Quizás ya hemos despejado la incógnita y la Generación X en el fondo era la de Peter Pan.
Feliz 2011 y que los otros Reyes traigan a cada uno lo que verdaderamente les ha pedido.
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jueves, octubre 07, 2010
Menos era más (internet killed the radio star)
Mi primer contacto intencionado con la música fueron "Los 40 principales". Aunque resulte difícil de creer, allá por los primeros ochenta lo mismo sonaba Mike Oldfield que AC/DC, Deep Purple, Madonna o Bowie. Otros tiempos. Mejores. Dado que estaba corto de pelas como tierno infante que era, me compraba cintas vírgenes y grababa las canciones que me gustaban. Esto implicaba escucha activa para cazar el tema y habilidad para tratar de cortar en lo posible la voz de la locutora al principio y al final. Salían unas cintas un tanto extrañas, con Yazoo al principio, Quiet Riot en el medio y Luis Cobos por la otra cara, pero a mí me gustaban.
Luego vinieron los vinilos y los casettes originales. Una vez más, el limitado presupuesto obligaba a escoger con cuidado. Mi primer disco de música pop fue "Dónde está el país de las hadas" de Mecano, que sigue pareciéndome bueno a pesar del tiempo transcurrido. Fue el primero de muchos al correr de los años. Tenía el atractivo de lo selecto: esperar que saliera el disco ansiado, ir a comprarlo después de ahorrar y escucharlo hasta gastarlo. Para mi gran suerte, me gustaba cada vez más la música de los 60-70, así que empecé a descubrir la de joyas baratas que podían conseguirse en las gasolineras y en bares de pueblo, escondidas entre discos de Los Chichos y Valderrama.
Años después vinieron los CD's. La panacea melómana: no se rayaban y no tenían ruido de fondo. Para entonces ya disponía de más billetes en el bolsillo y las compras eran más regulares y más abundantes. Ibas a Sevilla Rock y volvías con dos o tres bolsas y una gran sonrisa. Sí, de vez en cuando te llevabas algún chasco y el CD de Ted Nugent que te habías comprado al bulto resultaba ser un asco. Pero era parte del juego.
Entonces irrumpió la informática y lo que parecía una mejora resultó a la larga no serlo. Primero estaba aquello de ripear tu música y tenerla en el ordenador. Mucho mejor que tener que ir a la estantería y escoger. Sin embargo, por alguna extraña razón, las bibliotecas en el ordenador funcionan de otra manera. La vista salta por encima de los títulos, tiendes a picotear de aquí y allá, no te paras a escuchar un disco concreto. Debe de tener alguna explicación psicológica.
Luego llegó internet. Y resultaba que se podía conseguir música sin pagar. Hum. Para entonces, ya tenía casi todos los discos de los grupos clásicos que me interesaban, pero encontré más. Y éste de la música en la red es un fenómeno en sí mismo. Empiezas a escuchar música con una cierta compulsión. Encuentras cosas nuevas, sí. No ya la que te ofrece la radio o la que conoces tú o tus colegas, sino la que cita cualquier noticia en un periódico, o recomienda alguien en un blog o en un foro. Unas cosas llevan a otras. Algunas las bajas y las borras. Otras te gustan y las conservas, aunque llegas a olvidar que las tienes. Si encima resulta que tienes una mentalidad informática como la mía (o bibliotecaria), te encuentras que cada disco que te compras o te descargas implica una larga serie de decisiones: conservarlo o no en el ordenador, y en caso afirmativo, ripearlo (si procede), normalizar el volumen, etiquetarlo, meterlo en un directorio e importarlo en los programas reproductores que utilices. Por supuesto, si tienes iPOD o similar, también hay que sincronizarlo. Al final, cada vez más burocracia y cada vez menos escucha relajada.
Para terminar, aparece en mi vida recientemente Spotify. Para poder escucharlo en mi móvil me suscribo a la versión Premium. Y claro, deja de tener sentido clasificar, tengo a mi disposición la discoteca universal. Esa parte es la buena. Sin embargo, dado que la música la tienes en internet, cada vez que quieres escuchar algo tienes que buscarlo. Sí, puedes hacerte tus listas, pero ¡oh, sorpresa!, o las mantienes limitadas y acabas escuchando lo mismo una y otra vez o las dejas que aumenten, y te encuentras otra vez con el problema de la biblioteca picoteada. Por el contrario, si te abandonas a la búsqueda sin más, te ves pensando qué quieres escuchar cada vez que enciendes el chisme. Saltas de un artista a otro. Rara vez escuchas los discos completos porque quieres probar otros. Y el ciclo se realimenta.
En resumidas cuentas: el efecto de tanta tecnología, paradójicamente, es pernicioso. Al menos, en mi caso. Lo llamaría el síndrome del niño con muchos juguetes o el del que come todos los días en restaurantes caros con cartas larguísimas y echa de menos el cocido de su madre. Es cierto que parte del problema es que los oídos ya no son vírgenes, ya nunca más podrás escuchar "Made in Japan" o la novena de Beethoven como la primera vez. Pero lo cierto es que no he encontrado nada que sustituya la sensación de sacar un disco de vinilo de su funda y ponerlo en el equipo del salón. Aunque tenga polvo (el disco).
Después de todo, menos era más. O me estoy haciendo viejo.
Luego vinieron los vinilos y los casettes originales. Una vez más, el limitado presupuesto obligaba a escoger con cuidado. Mi primer disco de música pop fue "Dónde está el país de las hadas" de Mecano, que sigue pareciéndome bueno a pesar del tiempo transcurrido. Fue el primero de muchos al correr de los años. Tenía el atractivo de lo selecto: esperar que saliera el disco ansiado, ir a comprarlo después de ahorrar y escucharlo hasta gastarlo. Para mi gran suerte, me gustaba cada vez más la música de los 60-70, así que empecé a descubrir la de joyas baratas que podían conseguirse en las gasolineras y en bares de pueblo, escondidas entre discos de Los Chichos y Valderrama.
Años después vinieron los CD's. La panacea melómana: no se rayaban y no tenían ruido de fondo. Para entonces ya disponía de más billetes en el bolsillo y las compras eran más regulares y más abundantes. Ibas a Sevilla Rock y volvías con dos o tres bolsas y una gran sonrisa. Sí, de vez en cuando te llevabas algún chasco y el CD de Ted Nugent que te habías comprado al bulto resultaba ser un asco. Pero era parte del juego.
Entonces irrumpió la informática y lo que parecía una mejora resultó a la larga no serlo. Primero estaba aquello de ripear tu música y tenerla en el ordenador. Mucho mejor que tener que ir a la estantería y escoger. Sin embargo, por alguna extraña razón, las bibliotecas en el ordenador funcionan de otra manera. La vista salta por encima de los títulos, tiendes a picotear de aquí y allá, no te paras a escuchar un disco concreto. Debe de tener alguna explicación psicológica.
Luego llegó internet. Y resultaba que se podía conseguir música sin pagar. Hum. Para entonces, ya tenía casi todos los discos de los grupos clásicos que me interesaban, pero encontré más. Y éste de la música en la red es un fenómeno en sí mismo. Empiezas a escuchar música con una cierta compulsión. Encuentras cosas nuevas, sí. No ya la que te ofrece la radio o la que conoces tú o tus colegas, sino la que cita cualquier noticia en un periódico, o recomienda alguien en un blog o en un foro. Unas cosas llevan a otras. Algunas las bajas y las borras. Otras te gustan y las conservas, aunque llegas a olvidar que las tienes. Si encima resulta que tienes una mentalidad informática como la mía (o bibliotecaria), te encuentras que cada disco que te compras o te descargas implica una larga serie de decisiones: conservarlo o no en el ordenador, y en caso afirmativo, ripearlo (si procede), normalizar el volumen, etiquetarlo, meterlo en un directorio e importarlo en los programas reproductores que utilices. Por supuesto, si tienes iPOD o similar, también hay que sincronizarlo. Al final, cada vez más burocracia y cada vez menos escucha relajada.
Para terminar, aparece en mi vida recientemente Spotify. Para poder escucharlo en mi móvil me suscribo a la versión Premium. Y claro, deja de tener sentido clasificar, tengo a mi disposición la discoteca universal. Esa parte es la buena. Sin embargo, dado que la música la tienes en internet, cada vez que quieres escuchar algo tienes que buscarlo. Sí, puedes hacerte tus listas, pero ¡oh, sorpresa!, o las mantienes limitadas y acabas escuchando lo mismo una y otra vez o las dejas que aumenten, y te encuentras otra vez con el problema de la biblioteca picoteada. Por el contrario, si te abandonas a la búsqueda sin más, te ves pensando qué quieres escuchar cada vez que enciendes el chisme. Saltas de un artista a otro. Rara vez escuchas los discos completos porque quieres probar otros. Y el ciclo se realimenta.
En resumidas cuentas: el efecto de tanta tecnología, paradójicamente, es pernicioso. Al menos, en mi caso. Lo llamaría el síndrome del niño con muchos juguetes o el del que come todos los días en restaurantes caros con cartas larguísimas y echa de menos el cocido de su madre. Es cierto que parte del problema es que los oídos ya no son vírgenes, ya nunca más podrás escuchar "Made in Japan" o la novena de Beethoven como la primera vez. Pero lo cierto es que no he encontrado nada que sustituya la sensación de sacar un disco de vinilo de su funda y ponerlo en el equipo del salón. Aunque tenga polvo (el disco).
Después de todo, menos era más. O me estoy haciendo viejo.
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viernes, octubre 01, 2010
Crónica musical del concierto de U2 en Sevilla
¿Se puede hablar de un gran concierto cuando no se ha escuchado bien? Interesante pregunta que dependerá de lo que busca uno cuando va a un evento de este tipo. Yo, por estar chapado a la antigua y por cierta deformación profesional, valoro antes que cualquier otra cosa lo que entra por mis orejas y me es bastante indiferente -cuando no molesto - el ambiente, la espectacularidad del escenario o si el cantante me hace dar palmas o imita a Chiquito de la Calzada. Para mí un concierto, para que me compense el dineral que cuestan estos megagrupos, tiene que ser tan bueno como el disco y algo más.
Ayer U2 dio un soberano concierto. Tocaron bien - porque no saben tocar de otra forma - y cantaron mejor. Bono, particularmente, está espectacular de voz. Lo vi en San Sebastián en la gira 2005, donde estuvo muy bien, pero ahora está aún mejor. La voz limpia, agudos perfectos y una sensación absoluta de ir sobrado. Gran noticia para la parte que habitualmente sufre más el paso de los años en cualquier banda.
El repertorio, por otra parte, combinó bastante acertadamente éxitos pasados, recientes y presentes. Contrariamente a los culturetas habituales que escriben en prensa nacional, yo no considero que U2 sea una especie de vieja gloria vendida a la comercialidad que vive de los discos que hizo en los 80. Pienso que ha sabido evolucionar, renovarse y seguir escribiendo canciones que se han hecho clásicas, cosa que no pueden decir otros artistas del mismo pedigrí. Ayer hubo una buena muestra de ello: "Vertigo", "Miss Sarajevo", "One", "The city of blinding lights", "With or without you", "Elevation", etc. También algunos temas aún inéditos que me agradaron pero que lamento no poder citar. Eché a faltar, eso sí, "Pride (in the name of love)" y "Bad", pero contrariamente a otros conciertos de U2 no me quedé con la sensación de que el motivo de su omisión era que resultaban demasiado exigentes para la voz de Bono hoy día. Creo que podría haberlos cantado perfectamente, de hecho me consta que al menos la primera está en el set de la gira actual.
Hasta aquí la parte buena. La mala es una acústica criminal y una mezcla manifiestamente mejorable. Sí, estoy seguro que mucha gente que estuvo allí dirá que lo oyeron muy bien porque escuchaban a Bono y se conocían las canciones, pero fuera de eso tenemos: un bajo comido por completo por la pegada del bombo, una guitarra perdida y al mismo tiempo demasiado estridente (extraña combinación) y una batería descompensada en relación al bombo. Ocurrió algo básico para este tipo de música: la tonalidad de la canción y la sucesión de acordes/riffs eran difíciles de identificar. Claro que eso no importa tanto cuando tienes a Bono en primer plano y un set de canciones rompedor y conocido, pero lo que es, es.
Respecto a la acústica del recinto, puedo afirmar después de ver dos conciertos en el Estadio Olímpico de Sevilla que salvo que resuciten los Beatles o Robert Plant recupere la voz de 1970, haré todo lo posible por no repetir. El Olímpico es básicamente una gigantesca caja de reverberación, catedralicio, inmisericorde, que ensucia todo el sonido, realza los graves y se come los medios. Ni siquiera la absorción acústica que suponen 80.000 cuerpos humanos fue suficiente. Probablemente en el campo se escuchara algo mejor, pero en la grada no.
Dicho todo esto, estoy seguro de que un porcentaje elevado de asistentes no lo percibió, y si lo percibió no le importó. Yo es que tengo en mucha estima mis orejas, mi edad ya provecta y los 100 lirus que me costó.
De la salida del estadio prefiero no hablar: vallas, obras, tapones, cuellos de botella y la sensación de que si llega a producirse algún tipo de accidente, lo de la "Love Parade" se hubiera quedado en nada. Y mira que el sitio es espacioso.
Eso es todos, amigos. Mis felicitaciones a U2, mi reprimenda al técnico de sonido y mi petición de que no se hagan más conciertos en el Estadio Olímpico, aunque por otra parte a base de eventos deportivos es imposible mantenerlo.
Ayer U2 dio un soberano concierto. Tocaron bien - porque no saben tocar de otra forma - y cantaron mejor. Bono, particularmente, está espectacular de voz. Lo vi en San Sebastián en la gira 2005, donde estuvo muy bien, pero ahora está aún mejor. La voz limpia, agudos perfectos y una sensación absoluta de ir sobrado. Gran noticia para la parte que habitualmente sufre más el paso de los años en cualquier banda.
El repertorio, por otra parte, combinó bastante acertadamente éxitos pasados, recientes y presentes. Contrariamente a los culturetas habituales que escriben en prensa nacional, yo no considero que U2 sea una especie de vieja gloria vendida a la comercialidad que vive de los discos que hizo en los 80. Pienso que ha sabido evolucionar, renovarse y seguir escribiendo canciones que se han hecho clásicas, cosa que no pueden decir otros artistas del mismo pedigrí. Ayer hubo una buena muestra de ello: "Vertigo", "Miss Sarajevo", "One", "The city of blinding lights", "With or without you", "Elevation", etc. También algunos temas aún inéditos que me agradaron pero que lamento no poder citar. Eché a faltar, eso sí, "Pride (in the name of love)" y "Bad", pero contrariamente a otros conciertos de U2 no me quedé con la sensación de que el motivo de su omisión era que resultaban demasiado exigentes para la voz de Bono hoy día. Creo que podría haberlos cantado perfectamente, de hecho me consta que al menos la primera está en el set de la gira actual.
Hasta aquí la parte buena. La mala es una acústica criminal y una mezcla manifiestamente mejorable. Sí, estoy seguro que mucha gente que estuvo allí dirá que lo oyeron muy bien porque escuchaban a Bono y se conocían las canciones, pero fuera de eso tenemos: un bajo comido por completo por la pegada del bombo, una guitarra perdida y al mismo tiempo demasiado estridente (extraña combinación) y una batería descompensada en relación al bombo. Ocurrió algo básico para este tipo de música: la tonalidad de la canción y la sucesión de acordes/riffs eran difíciles de identificar. Claro que eso no importa tanto cuando tienes a Bono en primer plano y un set de canciones rompedor y conocido, pero lo que es, es.
Respecto a la acústica del recinto, puedo afirmar después de ver dos conciertos en el Estadio Olímpico de Sevilla que salvo que resuciten los Beatles o Robert Plant recupere la voz de 1970, haré todo lo posible por no repetir. El Olímpico es básicamente una gigantesca caja de reverberación, catedralicio, inmisericorde, que ensucia todo el sonido, realza los graves y se come los medios. Ni siquiera la absorción acústica que suponen 80.000 cuerpos humanos fue suficiente. Probablemente en el campo se escuchara algo mejor, pero en la grada no.
Dicho todo esto, estoy seguro de que un porcentaje elevado de asistentes no lo percibió, y si lo percibió no le importó. Yo es que tengo en mucha estima mis orejas, mi edad ya provecta y los 100 lirus que me costó.
De la salida del estadio prefiero no hablar: vallas, obras, tapones, cuellos de botella y la sensación de que si llega a producirse algún tipo de accidente, lo de la "Love Parade" se hubiera quedado en nada. Y mira que el sitio es espacioso.
Eso es todos, amigos. Mis felicitaciones a U2, mi reprimenda al técnico de sonido y mi petición de que no se hagan más conciertos en el Estadio Olímpico, aunque por otra parte a base de eventos deportivos es imposible mantenerlo.
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sábado, septiembre 25, 2010
Consejos para mí mismo con veinte años menos
Con motivo de mi cuarenta cumpleaños, y con todo cariño para el que fuiste, que era yo.
- La parte de la inteligencia que realmente importa es que la que te ayuda a ser feliz.
- Lo profundo suele manifestarse con suavidad y lo efímero con intensidad.
- La única forma realista de mejorar el mundo es perfeccionarse uno mismo.
- A veces, los amigos se marchan.
- Mantén una saludable distancia con tus ideas y tus creencias, con los años tendrás otras.
- La sinceridad a la larga siempre es rentable.
- El verdadero espejo del alma son los ojos.
- La amistad no cumple la propiedad asociativa.
- No dramatices ni te tomes demasiado en serio.
- La gente cambia y tú también. A veces, a peor.
- Por desgracia, la experiencia es una virtud que sólo se valora a medida que se tiene.
- Finalmente: evita dar consejos.
- La parte de la inteligencia que realmente importa es que la que te ayuda a ser feliz.
- Lo profundo suele manifestarse con suavidad y lo efímero con intensidad.
- La única forma realista de mejorar el mundo es perfeccionarse uno mismo.
- A veces, los amigos se marchan.
- Mantén una saludable distancia con tus ideas y tus creencias, con los años tendrás otras.
- La sinceridad a la larga siempre es rentable.
- El verdadero espejo del alma son los ojos.
- La amistad no cumple la propiedad asociativa.
- No dramatices ni te tomes demasiado en serio.
- La gente cambia y tú también. A veces, a peor.
- Por desgracia, la experiencia es una virtud que sólo se valora a medida que se tiene.
- Finalmente: evita dar consejos.
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domingo, agosto 01, 2010
Toros y ecología
Aunque ya di mi opinión al respecto de la "Fiesta Nacional" aquí, la reciente decisión del parlamento catalán de prohibir las corridas de toros en su territorio creo que merece una revisión.
Como las cosas rara vez son blancas o negras, empezaré diciendo que lo ocurrido en Cataluña me parece democráticamente saludable: ha partido de una propuesta ciudadana, se ha debatido en el parlamento autonómico invitando a taurinos y detractores y en general se ha dado libertad de voto a los diputados. La crítica de que ante todo se trata de una decisión antiespañola la encuentro, cuando menos, discutible. Es cierto que siento bastante grimita cuando veo a los de las banderitas estrelladas gritar contra las corridas de toros, pero también hay mucha gente antitaurina fuera de Cataluña. Supongo que se han juntado el hambre de diferenciación nacionalista con las ganas de comer del ecologismo. Más grave me parece el hecho de que los partidos atiendan iniciativas populares y den libertad de voto para decidir sobre las corridas de toros y no cuando se trata del aborto, por poner un ejemplo. Pero este es otro tema que daría para mucho más que unas pinceladas.
Dicho esto, creo que el principal argumento a favor de las corridas de toros es precisamente la ecología. La fiesta de los toros, impacto económico aparte, mantiene un ecosistema único como es la dehesa y a la propia raza del toro bravo. Yo me pregunto si todos estos que vociferan y se mesan los cabellos porque un toro muera en la plaza han visitado una ganadería o han visto un documental.
Para empezar, en la lista de sufrimiento animal me parece que tendríamos que anteponer al ganado estabulado o a las gallinas que ponen huevos clase 2 o 3. El toro vive más y mejor que todos ellos, aunque tenga una muerte algo más larga (también sugiero una visita a un matadero). Como ya dije en mi anterior artículo, el único antitaurino consecuente es el vegetariano.
Last but not least, me gustaría saber qué proponen nuestros esforzados animalistas para el futuro del toro de lidia cuando todos seamos tan progresistas como ellos y se prohíban las corridas de toros en toda España. ¿Zoológico, Serengeti, extinción, subvención, taxidermia? ¿Prefieren al toro bravo extinto que toreado? Admito sugerencias.
En fin, el argumento de fondo es bastante similar al que puede darse en favor de la caza reglada. ¿Odia el cazador a su presa? Todo lo contrario. Ayuda a mantener su habitat y el propio equilibrio ecológico de las especies, alterado por el ser humano, antitaurinos incluidos. Sugiero la lectura de Miguel Delibes, pongo por caso. Los que creen que los taurinos no aman a los toros no han entendido nada. Y lo dice uno que no lo es.
P.D: las corridas de toros no están prohibidas en Canarias, aunque no las haya. Una mentirijilla muy extendida.
Como las cosas rara vez son blancas o negras, empezaré diciendo que lo ocurrido en Cataluña me parece democráticamente saludable: ha partido de una propuesta ciudadana, se ha debatido en el parlamento autonómico invitando a taurinos y detractores y en general se ha dado libertad de voto a los diputados. La crítica de que ante todo se trata de una decisión antiespañola la encuentro, cuando menos, discutible. Es cierto que siento bastante grimita cuando veo a los de las banderitas estrelladas gritar contra las corridas de toros, pero también hay mucha gente antitaurina fuera de Cataluña. Supongo que se han juntado el hambre de diferenciación nacionalista con las ganas de comer del ecologismo. Más grave me parece el hecho de que los partidos atiendan iniciativas populares y den libertad de voto para decidir sobre las corridas de toros y no cuando se trata del aborto, por poner un ejemplo. Pero este es otro tema que daría para mucho más que unas pinceladas.
Dicho esto, creo que el principal argumento a favor de las corridas de toros es precisamente la ecología. La fiesta de los toros, impacto económico aparte, mantiene un ecosistema único como es la dehesa y a la propia raza del toro bravo. Yo me pregunto si todos estos que vociferan y se mesan los cabellos porque un toro muera en la plaza han visitado una ganadería o han visto un documental.
Para empezar, en la lista de sufrimiento animal me parece que tendríamos que anteponer al ganado estabulado o a las gallinas que ponen huevos clase 2 o 3. El toro vive más y mejor que todos ellos, aunque tenga una muerte algo más larga (también sugiero una visita a un matadero). Como ya dije en mi anterior artículo, el único antitaurino consecuente es el vegetariano.
Last but not least, me gustaría saber qué proponen nuestros esforzados animalistas para el futuro del toro de lidia cuando todos seamos tan progresistas como ellos y se prohíban las corridas de toros en toda España. ¿Zoológico, Serengeti, extinción, subvención, taxidermia? ¿Prefieren al toro bravo extinto que toreado? Admito sugerencias.
En fin, el argumento de fondo es bastante similar al que puede darse en favor de la caza reglada. ¿Odia el cazador a su presa? Todo lo contrario. Ayuda a mantener su habitat y el propio equilibrio ecológico de las especies, alterado por el ser humano, antitaurinos incluidos. Sugiero la lectura de Miguel Delibes, pongo por caso. Los que creen que los taurinos no aman a los toros no han entendido nada. Y lo dice uno que no lo es.
P.D: las corridas de toros no están prohibidas en Canarias, aunque no las haya. Una mentirijilla muy extendida.
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domingo, julio 25, 2010
Los "haters"
Hay una frase de Chesterton que me encanta y dice más o menos lo siguiente: "La mediocridad, posiblemente, consiste en estar delante de la grandeza y no darse cuenta". Sentadas las bases, podemos decir que un "hater" ("odiador") básicamente es un mediocre que ha optado por atacar con los medios a su alcance la grandeza que es incapaz de reconocer. Supongo que detrás de todo odiador hay algún tipo de patología, una proyección de la propia frustración o, dicho de otra manera, un odiador es un envidioso vocacional que necesita minusvalorar la excelencia ajena probablemente porque la ve inalcanzable en sí mismo. Si todo es una mierda, la propia no destaca y uno se siente integrado.
Las nuevas tecnologías, que permiten con total inmediatez que cualquier analfabeto con internet pueda vomitar sus opiniones en una multiplicidad de foros, han facilitado al extremo esta patología. Invito a cualquiera con curiosidad que en cualquier noticia de un periódico digital se tomen la molestia de leer los comentarios de los lectores. Encontrarán "haters" a punta pala. Sostengo además que el "hater" es, llamémosle así, multidisciplinar, y lo mismo le da un roto que un descosido con tal de llevar la contraria.
Existen "haters" para todos los ámbitos de la vida. Hay "haters" de los Beatles, de Nadal, de Vicente Del Bosque, de Contador, de Apple, de Microsoft, de Google, de la Familia Real española, de la Transición, de Steven Spielberg, de la Iglesia, del solomillo de ternera y de todo lo que se le venga a la cabeza. Como toda postura irracionalmente destructiva, la excusa es lo de menos. Ante una noticia, del tipo que sea, relacionada con el objeto de sus desvelos el odiador entrará a saco a escupir y pontificará desde la desinformación y el atrevimiento que da la ignorancia. El sueño del odiador es que le responda el mayor número posible de internautas, porque en el fondo lo que busca es recibir atención. Es como el niño malcriado con pataleta, con la diferencia de que en internet no puedes coger al interfecto, darle dos sopapos y sentarlo en la silla de pensar.
Contrariamente a lo que pueda parecer, no es sencillo lidiar con los "haters". Para empezar, su actividad se basa en el hecho inconscientemente aceptado de que aquél que pone pegas a lo que la mayoría aprecia tiende a percibirse como más inteligente que los demás, dado que es capaz de ver los defectos que a la masa se le escapan. El "hater" trufa sus intervenciones con futuribles que no se cumplen o supuestos que ya no pueden comprobarse, verdades incontrovertibles que sólo el conoce y, en general, habla desde una peana en la que se ha subido él solito. El problema es que no hay nada más difícil de defender que aquello que es evidente. A un tío que entra en un foro de música a decir que los Beatles eran unos mediocres no se le puede argumentar nada. Ojo, un tío que no entra a decir que le disgustan los Beatles, postura perfectamente aceptable, sino que son malísimos.
Confieso que yo a los "haters" los llevo muy mal. Fatal. Probablemente porque yo tengo mi propia patología, que es esforzarme en demostrar que llevo razón cuando creo que la llevo, que es casi siempre (paréntesis para una sonrisa irónica del lector), simplemente porque no opino de aquello que no entiendo, una postura saludable que recomiendo. El informarse, digo, no el alterarse con la estupidez ajena.
Las nuevas tecnologías, que permiten con total inmediatez que cualquier analfabeto con internet pueda vomitar sus opiniones en una multiplicidad de foros, han facilitado al extremo esta patología. Invito a cualquiera con curiosidad que en cualquier noticia de un periódico digital se tomen la molestia de leer los comentarios de los lectores. Encontrarán "haters" a punta pala. Sostengo además que el "hater" es, llamémosle así, multidisciplinar, y lo mismo le da un roto que un descosido con tal de llevar la contraria.
Existen "haters" para todos los ámbitos de la vida. Hay "haters" de los Beatles, de Nadal, de Vicente Del Bosque, de Contador, de Apple, de Microsoft, de Google, de la Familia Real española, de la Transición, de Steven Spielberg, de la Iglesia, del solomillo de ternera y de todo lo que se le venga a la cabeza. Como toda postura irracionalmente destructiva, la excusa es lo de menos. Ante una noticia, del tipo que sea, relacionada con el objeto de sus desvelos el odiador entrará a saco a escupir y pontificará desde la desinformación y el atrevimiento que da la ignorancia. El sueño del odiador es que le responda el mayor número posible de internautas, porque en el fondo lo que busca es recibir atención. Es como el niño malcriado con pataleta, con la diferencia de que en internet no puedes coger al interfecto, darle dos sopapos y sentarlo en la silla de pensar.
Contrariamente a lo que pueda parecer, no es sencillo lidiar con los "haters". Para empezar, su actividad se basa en el hecho inconscientemente aceptado de que aquél que pone pegas a lo que la mayoría aprecia tiende a percibirse como más inteligente que los demás, dado que es capaz de ver los defectos que a la masa se le escapan. El "hater" trufa sus intervenciones con futuribles que no se cumplen o supuestos que ya no pueden comprobarse, verdades incontrovertibles que sólo el conoce y, en general, habla desde una peana en la que se ha subido él solito. El problema es que no hay nada más difícil de defender que aquello que es evidente. A un tío que entra en un foro de música a decir que los Beatles eran unos mediocres no se le puede argumentar nada. Ojo, un tío que no entra a decir que le disgustan los Beatles, postura perfectamente aceptable, sino que son malísimos.
Confieso que yo a los "haters" los llevo muy mal. Fatal. Probablemente porque yo tengo mi propia patología, que es esforzarme en demostrar que llevo razón cuando creo que la llevo, que es casi siempre (paréntesis para una sonrisa irónica del lector), simplemente porque no opino de aquello que no entiendo, una postura saludable que recomiendo. El informarse, digo, no el alterarse con la estupidez ajena.
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